viernes, 6 de diciembre de 2013

SE DESPIDE UN GENIO

Gabriel García Márquez se ha retirado de la vida pública por razones de salud: cáncer linfático. Ahora, parece, que es cada vez más grave. Ha enviado una carta de despedida a sus amigos, y gracias a internet está siendo difundida. Os recomiendo su lectura, porque es verdaderamente conmovedor este corto texto escrito por uno de los latinoamericanos más brillantes de los últimos tiempos. Dice así:

“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto,
no solamente mi cuerpo, sino mi alma
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él sólo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…., He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que  un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Trata de decir siempre lo que sientes y haz siempre lo que piensas en lo más profundo de tu corazón.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, te diría “Te Quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da siempre otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si  mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles, “lo siento”, “perdóname”,  “por favor” , “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus nobles pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos.
Finalmente, demuestra a tus amigos y seres queridos cuanto te importan".
                                                                                                           Gabriel  García Márquez

martes, 12 de noviembre de 2013

¡QUE HERMOSO ES SER HIJO!

Hace ya un tiempo, escribía en este mismo espacio, dos post con el título "Que hermoso es ser padre". En él reflejaba el orgullo de ser padre, de la belleza de la crianza de los hijos y del disfrute de verles crecer. Mi padre, que me sigue cada vez que puede, me dijo en aquella ocasión (y después me lo ha reclamado varias veces) que siempre escribo de mi y que cuándo escribiría de él. Y ciertamente no le falta razón. Y ahora que estoy a punto de cumplir los 56 años, he decidido que ya es hora de hacerlo. Porque qué hermoso es ser padre, pero sobre todo qué hermoso es ser hijo de alguien como él. Qué hermoso y qué orgullo. Cuando ves a tu padre día a día, dándolo todo por los hijos, incluso cuando le faltaba a él. Siempre dispuesto a compartir con los que no tenían, lo poco que tenía él. 
Permanecen imborrables en mi memoria, tantas y tantas experiencias... Cuando me subía a hombros por las laderas de Archanda, cada domingo del año, en unas vacaciones interminables, porque siempre tenía algún plan para nosotros. O cuando convertía las excursiones familiares en auténticas aventuras que no tenían nada que envidiar a las que vivía de pequeño en la ficción con Tom Sawyer o el capitán Flint. Porque ir con él era como viajar a la Luna o al Centro de la Tierra. O cuando nos ponía aquellas canciones que tanto le gustaban (y que aún le gustan) cantar conmigo  y con mis hermanas, mientras ponía aquel tocadiscos pequeño que nos trajo un día a casa como si fuera un tesoro.
Con él he aprendido el valor del compromiso por los pobres, del sindicalismo honesto y comprometido y a través de su vida me ha llegado la fe en la que ahora creo, la de un cristianismo entregado a los demás. Incluso ahora, cuando me hace regañar, veo en él ese punto de inconformismo y rebeldía que tantas veces me ha transmitido y que he heredado de él.
¡Qué hermoso es ser hijo... de un padre como él!
No pretendo hacerle ningún homenaje, porque mi padre es tan grande que está por encima de eso, pero creo que se lo debo y además se lo merece.
Comparto con vosotros y vosotras, las que aún me seguís, y con él que seguro que también lo leerá dos cosas que mantengo en mi memoria. La primera es un relato que escribí hace un tiempo y que no es mas que una versión de lo que podía ser una de las excursiones a las que nos llevaba de pequeños en el tren del oeste, como me gustaba llamarlo a mi. Y la segunda es una joya cargada de emociones. Una canción que solía (y todavía hoy puede cantarla) cantar con mi hermana.
Disfrutadlo conmigo, porque ¡que hermoso es ser hijo con un padre tan grande como él!



AVENTURA EN EL TREN



Mirando la foto que sostengo en mis manos, los recuerdos de mi niñez afloran a mi cabeza. La imagen de mis padres con mis cuatro hermanos y yo frente a aquel viejo tren de vapor de la estación de Atxuri, me hace asomar una sonrisa recordando aquellos tiempos tan lejanos y llenos de una mezcla de incertidumbre y felicidad. Era toda una aventura, cuando llegaba el verano, coger las bolsas con la comida hecha en casa con el cariño de mi madre y recorrer la calle Ronda rumbo a la máquina del tiempo, como solía llamar mi padre a aquel tren desvencijado que, echando humo a borbotones nos transportaba, una vez al año, al mundo mágico del castillo de Arteaga.

Aquel domingo era especial porque durante los meses anteriores había nacido mi quinto hermano y venía, por primera vez a este fantástico viaje. Acabábamos de entrar en la estación cuando el tren, soltando una bocanada de humo, hizo sonar el pitido que indicaba su inminente salida. Mi padre miró los billetes y corriendo nos encaminamos al vagón LOA 3. Subimos y enfilamos el pasillo. En la familia la jerarquía está bien identificada y el ser el segundo supone sentarte después del primero. Por eso miré con envidia a mi hermana mayor mientras se sentaba junto a la ventanilla. Ocupé mi asiento en el pasillo y me dispuse a observar a los demás pasajeros, mientras el tren soltando un nuevo silbido y dando un bote, arrancaba con un chirrido infernal que a mí me sonó a aventura.

Mi madre sentada enfrente mío tenía cara de preocupación y cuando se dio cuenta de que la estaba observando, cambió su rostro y me dedicó una enorme sonrisa y un giño de complicidad. Mi padre estaba intentando poner orden entre los dos pequeños que no acababan de estarse quietos en los viejos asientos de madera. Mi tercera hermana, tercera porque nació año y medio después que yo, se sentaba en el asiento del otro lado del pasillo, junto al mío y en el momento de arrancar el tren me cogió la mano como esperando que yo la protegiera.

En el resto del vagón la variedad de personajes era tal que me puse a disfrutar de cada uno de ellos. Tres filas más allá otra familia con dos niños, más o menos de mi edad, tenían el mismo problema con el pasillo y las ventanillas. Finalmente se sentaron y el pequeño (también segundo según observé) mirándome con los ojos entrecerrados me sacó la lengua. Le devolví la mirada con una sonrisa malévola y seguí recorriendo el vagón con la mirada. Dos mujeres con delantal y pañuelo que volvían a Gernika después de vender sus hortalizas en el mercado de la Ribera, un grupo de chicos y chicas con sus mochilas que evidenciaba que iban a subir a algún monte, y por detrás nuestro, otro grupo de jóvenes que con una guitarra llenaban el ambiente de alegría y fiesta.

El tren avanzaba lentamente soltando de vez en cuando un silbido que nos divertía a todos, convirtiendo el vagón en un espacio donde la confianza, aun siendo efímera durante el tiempo que duraba el viaje de cada cual, les hacía a los adultos contarse sus pequeños o grandes problemillas y a los pequeños olvidar por un momento esa mirada entrecerrada y la sacada de lengua, para compartir juegos. Es lo que tenía aquel tren viejo, de madera, que estaba lleno de pedacitos de vida.

Llevábamos algo más de media hora de viaje y mi hermana, la tercera, pidió hacer pis. Los demás nos quedamos en silencio. Le miré a mi padre que se quedó dudando un momento.

-         ¿No puedes aguantar a que lleguemos? – le preguntó

-         No – contestó mi hermana con terquedad.

Dudó un momento más y por fin se levantó y cogiéndola de la mano se dirigió al baño. ¡Aquello si que era la leche! Aquel tren tenía en cada vagón una plataforma exterior que a mí me recordaba a los del oeste. Los baños estaban ahí, en la plataforma, ir a ellos……. ¡aquello sí que era aventura! Les vi a los dos desaparecer por la puerta del vagón y cerrarla tras de sí. De repente la oscuridad nos envolvió. El tren acababa de entrar en un túnel. Por un momento el tiempo pareció detenerse, aquel túnel se nos hizo eterno. Cuando por fin salió todos fijamos la mirada en la puerta del vagón, la de mi madre preocupada, la nuestra ansiosa. Por ella aparecieron, mi hermana con los ojos abiertos como platos y las mejillas arreboladas presas de la excitación, y mi padre, serio, pero con cara de haber pasado un pequeño apuro.

El bullicio volvió al vagón mientras la cuadrilla de la guitarra volvía a entonar. Mi hermana nos contaba su aventura, exagerándola un poco, como corresponde y mi padre le cogía la mano a mi madre para infundirle tranquilidad. Las dos aldeanas eran las únicas que no se habían inmutado, acostumbradas, sin duda, a aquella experiencia.

El tren, seguía avanzando haciendo una parada cada cierto tiempo en función de los pueblos que recorría, mientras nuestros compañeros de viaje nos iban abandonando según llegaban a sus destinos.

Finalmente, una hora después del incidente del baño, con un chirrido y un silbido final, el tren se detuvo en la estación de Arteaga. Nos bajamos emocionados y allí estaba el castillo, esperándonos. Mi padre cogió las bolsas de comida y ejerciendo de comandante de aquel ejército, como correspondía a su rango en la jerarquía familiar, nos dirigió hacia allí, con intención de tomarlo al asalto.

El sonido de la bocina de un coche me devolvió a la realidad. El sol entraba a raudales por la ventana de mi habitación. Volví a mirar la foto, la guardé en la maleta y la cerré. En la calle ya me esperaba el taxi que me llevaría a la estación de Atxuri.

                                                                                     Txema Olleta


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martes, 5 de marzo de 2013

PARA VOSOTRAS UN 8 DE MARZO

El próximo viernes es, de nuevo, 8 de marzo. Este año, queridas amigas, no os voy a regalar con un poema, como otras veces, o un relato. Pero quiero que siga siendo un recuerdo emocionado a vosotras, pero sobre todo muy personal. Me ha llegado esta canción de Bebe, que recoge muy bien lo que muchos hombres sentimos por vosotras, amigas, compañeras, hermanas, hijas...
Por eso lo comparto en mi nombre y en el de otros amigos y compañeros míos que nos unimos a vosotras en este camino hacia la igualdad plena.
Se titula "Ella", pero yo la llamaría "Tu". Disfrutadla, pero sobre todo, dejadnos acompañaros de la mano (como decía en un poema hace algunos años).
besos,
Txema





ELLA (Bebe)
Ella sa cansao de tirar la toalla
se va quitando poco a poco telarañas
no ha dormido esta noche pero no esta cansada
no mira ningún espejo pero se siente to’ guapa
Hoy ella sa puesto color en las pestañas
hoy le gusta su sonrisa, no se siente una extraña
hoy sueña lo que quiere sin preocuparse por nada
hoy es una mujé que se da cuenta de su alma
Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
hoy vas a comprender
que el miedo se puede romper con un solo portazo.
hoy vas a hacer reir
porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto…
hoy vas a conseguir
reirte hasta de ti y ver que lo has logrado que…
Hoy vas a ser la mujé
que te dé la gana de ser
hoy te vas a querer
como nadie ta sabio queré
hoy vas a mirar pa’lante
que pa atrás ya te dolió bastante
una mujé valiente, una mujé sonriente
mira como pasa
Hoy nasió la mujé perfecta que esperaban
ha roto sin pudore las reglas marcadas
hoy ha calzado tacone para hacer sonar sus pasos
hoy sabe que su vida nunca mas será un fracaso
Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
hoy vas conquistar el cielo
sin mirar lo alto que queda del suelo
hoy vas a ser feliz
aunque el invierno sea frio y sea largo, y sea largo…
hoy vas a conseguir
reirte hasta de ti y ver que lo has logrado…
Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
hoy vas a comprender
que el miedo se puede romper con un solo portazo.
hoy vas a hacer reir
porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto…
hoy vas a conseguir
reirte hasta de ti y ver que lo has logrado ohhhh…

lunes, 28 de enero de 2013

LO NECESARIO, LO IMPORTANTE Y LO IMPRESCINDIBLE

Aquí estoy de nuevo. He regresado después de un tiempo sin escribir. La verdad es que nunca me he ido. Igual que en mi Club de las Contadoras de Historias. Porque no os lo había dicho, pero he vuelto a encontrarme con mis amigas, con las que he compartido tantas aventuras, historias de amor, de penas y de alegrías a traves de un trozo de papel y unos trazos llamados palabras. Y con mis queridas Maestras, de las que tanto he aprendido y seguiré aprendiendo. Porque he vuelto a recuperar un hueco en ese lugar tan especial y que ya echaba de menos, en la calle Fika.
¿Y sabeis porqué? Porque he sido capaz de darme cuenta y distinguir lo que es necesario, lo que es importante y lo que es absolutamente imprescindible en mi vida.
A veces no es fácil distinguir una cosa de la otra. También es verdad que, cuando  lo necesario se convierte en imprescindible, se suele perder la conciencia de lo que es realmente importante y esto deja de tener sentido.
Parece un galimatías, pero es muy sencillo. Lo necesario, en mi caso, es alimentarme, dormir, tener un trabajo más o menos digno, una casa... algo que tengo que reconocer que está mínimamente cubierto. Lo importante es la familia (los hijos, la pareja, los padres y hermanos), el ser consciente y sensible, a los que sufren, a las injusticias. Lo importante es ser capaz de rebelarte contra ellas, encontrar tu espacio donde luchar y compartirlo con otras personas que piensan como tu. Gracias a Dios, también lo tengo.
¿Y lo imprescindible? Para mi es tener ese espacio liberado donde hurgar en mi espíritu, sacar a flote mi propia identidad, mi yo interior, mi propia sensibilidad. Disfrutar de ese lugar sagrado que me va a permitir sacar lo mejor de mi mismo para ser consciente de lo que es importante, y de lo afortunado que soy por tener lo necesario.
Ese lugar está en un papel y un boligrafo. Está en ese espacio materializado en esa calle, con esas compañeras de las que tanto aprendo y a las que tanto me gusta escuchar. Y es alli donde he regresado, a un lugar imprescindible, importante y necesario.
Dejadme que os regale esta oración, aunque alguien dirá que es un poema. Total, al fin y al cabo es lo mismo una cosa que otra. Porque se trata de que lo imprescindible sea importante para que se convierta en necesario. 



VIVIR EN LIBERTAD
Quiero respirar cada soplo de aire.
Quiero sentir en el rostro
El calor del rayo de sol cuando amanece.
Volar por encima de las nubes
Y recostarme en el lecho del mar.
Caminar de la mano con mis hermanos,
Sentir la suavidad de sus arrugas en la piel.
Señor, quiero encontrarte en los ojos de los que sufren,
Buscarte en el dolor del niño que muere cada día
Y la madre que sufre de pena.
Porque su libertad es también la mía.
Quiero seguir la Luz de tu Espíritu
Mientras ilumina mi alma.
Quiero caer para volverme a levantar,
No tener miedo a la oscuridad ni al frio de la noche.
¡Oh Señor!, enciende el fuego de mi corazón
Para que me de calor.
Prende la llama de tu vela para que me alumbre.
Quiero estar con la gente que sufre,
Compartir con ella mi calor y tu luz,
Porque solo así podré vivir en libertad.
Txema O.