martes, 13 de noviembre de 2012

A LOS 55

Dentro de unos días es mi cumpleaños. ¡No, no hace falta que me felicitéis! Al menos no todavía. ¡¡55 años!! Decía hace poco en mi facebook, que cuando uno empieza a llegar a cierta edad, se plantea las cosas de manera diferente. Bueno, yo hace ya algún tiempo que lo hago, pero empiezo a ser más consciente de mis limitaciones, cada vez mayores, pero también de la serenidad que la vida me ha dado, lo cual es un valor en alza según pasan los años.
Muchas cosas podría contar de estos 55 años, incluso de aquellas que ya no recuerdo de manera consciente. Muchas alegrias, tristezas, penurias, riesgos, valentías. Esperanzas y desesperanzas, ilusiones y desilusiones. Aquellas cosas que esperaba hacer y no he podido. Otras muchas que no entraban en mis planes, pero que han sucedido porque mis planes no siempre coinciden con los de mi destino.
Pero si hay algo de lo que me he dado cuenta y que me parece muy importante, es que mi destino me lo he forjado yo a través de mi existencia pasada, y lo que he hecho o dejado de hacer en esta, será parte de mi destino en vidas futuras.
Por eso, sigo viviendo con ilusión, alegría, energía... no quiero llegar a esa cierta edad pensando que lo que he hecho a lo largo de mi vida no sirve para nada. Quiero vivir y marcharme con la idea de una vida plena y feliz, simplemente porque he hecho lo que he creido que había que hacer. Quiero seguir vivendo con la ilusión que me da la convicción de que estoy labrando mi propio destino futuro. Quiero seguir siendo fiel a mis propias convicciones. y quiero seguir siendo capaz de modificarlas cuando se haga necesario.
Quiero celebrar mis 55 años, y los 56, y los 57. Estoy muy orgulloso de ellos.
Me gusta la canción de Celtas Cortos "La Senda del Tiempo" aunque no comparta algunas de sus apreciaciones. Me gustan las arrugas en la frente, y echo muy pocas cosas en falta, porque con las que he tenido y tengo son suficientes.
Por eso voy a aceptar un reto que me ha lanzado uan buena amiga mía. Voy a hacer una adaptación libre de la letra. Prometo haceros partícipes de ella en cuanto la tenga. Mientras, disfrutad de la original. Pero también disfrutad de vuestros años, tengáis los que tengáis. Son muy hermosos incluso en la adversidad.
Besos.


sábado, 21 de julio de 2012

COMO LA VIDA MISMA

Las que me seguís en este blog y compartís conmigo, de un modo u otro, el Camino de la Vida, sabéis que todas mis historias son "como la vida misma". Sean relatos, poemas o comentarios en este trozo de corazón, son reflejo de las personas que comparten conmigo de un modo lejano o cercano el largo peregrinaje de la vida. Mis personajes son fiel reflejo de los quehaceres cotidianos. Comparto con ellos alegrías, sufrimientos, risas y lágrimas, dudas y certidumbres. Nunca les identifico directamente porque lo de menos (aunque no para mí) es saber quiénes son en la vida real. Me preocupan sus sentimientos, sus vivencias, en la medida que se entremezclan con las mías, y eso es lo que quiero reflejar en mis historias.
Todos tienen nombres y apellidos, pero ¡¡qué más da!! Todos piensan, sienten y viven, ¡al igual que yo! No son seres anónimos; para mí, no. Y eso es lo que le da el valor a lo que escribo.
Para todas esas personas que forman parte de mi universo, algunas muy cercanas, otras más lejanas, todo mi cariño y gratitud, porque sin ellas, yo no sería como soy y mis relatos no serían como son. Cada una de esas personas, su vida, son para mí como un bestseller. Y por eso os cuento sus historias, las mías. Como la vida misma.

Y hablando de la vida misma. Estos días estoy en Mérida, disfrutando de unos días de tranquilidad. Pero no os preocupéis, no os voy a soltar una "chapa" turística. No es mi estilo. Pero...¿sabéis? Viendo el teatro romano, ¡¡impresionante!!, sí, había un panel informativo donde explicaba la distribución de las gradas por grupos de ciudadanos en aquella época. La parte central estaba reservada a los soldados, veteranos, hombres casados y otra para los niños y gente de postín. Todos hombres. Si. La parte más alta de las gradas, la más alejada del escenario era para los esclavos, extranjeros y... las mujeres. Sí, para ellas. y ¿sabéis? la mejor zona del Teatro (dicho por un guía) era esa, precisamente, porque se veía bien a pesar de la lejanía y, por su acústica, era la zona donde mejor se oía.
Los hombres empeñados en marginarlas y ningunearlas (desde hace milenios) y ellas... ganado espacios, con inteligencia, ¡como debe ser! ¡Como la vida misma!

martes, 12 de junio de 2012

LA MONEDA

Las que me conocéis sabeis que para mi, escribir, es mucho más que trazar unas líneas en un papel. Es vivir. Llevo mucho tiempo sin poder hacerlo, llevo todo el curso sin poder compartir, con mis amigas del Club de Contadoras de Historias, el espacio y el tiempo de escribir. Y lo hecho de menos, ¡vaya que si lo hecho de menos! El curso que viene prometo retomarlo. Mientras, aqui os dejo una historia que conté hace algún tiempo, inédita para vosotras. Espero que os guste, porque habla de eso, de la magia de la vida de Pedro... o de cualquiera de vosotras.

Pedro salió de casa y se dirigió a la parada del autobús. Era domingo de madrugada y las calles estaban silenciosas, salvo por el sonido del agua que, a chorro, salía de las mangueras de los operarios de la limpieza, mientras regaban las calles recogiendo los restos del botellón nocturno. De vez en cuando, unas formas medio fantasmales pasaban cerca de él dando tumbos y hablando entre dientes. Miró la pantalla donde se indicaba el tiempo que faltaba para su autobús y, viendo que aún le quedaban diez minutos, se sentó a esperarlo. Metió la mano al bolsillo y, lentamente, sacó una moneda que llevaba dentro. La observó con atención. Aquella moneda producía en él un efecto transformador. Tenía un agujero en medio, hecho con algún berbiquí manual y, aunque estaba muy desgastada por el paso de los años y los dedos, se podía apreciar, claramente, que era un doblón de oro.
La verdad es que aquella moneda le había acompañado en muchos momentos, unos buenos y otros malos, especialmente en los que había tenido que tomar decisiones importantes en su vida, pero siempre y en todo caso, le había traído mucha suerte. Empezó a jugar con ella entre los dedos mientras recordaba, con una sonrisa en los labios, el día que se la trajo su tío Jon. El tío Jon, aventurero, viajero incansable y una figura que para él siempre había estado rodeada de misterio. El tío Jon era el hermano pequeño de su padre y se pasaba meses o años enteros sin que nadie de la familia supiera nada de él. Siempre volvía con alguna reliquia u objeto extraño que encontraba en sus viajes al fin del mundo, como le gustaba decir a él, y el día que Pedro cumplió los 7 años, le entregó un doblón de oro que, según contaba el tío Jon, había encontrado medio enterrado en la arena de la playa de una isla que había ido a explorar buscando el tesoro de un famoso pirata. Nunca les dijo si había encontrado el tesoro o no, pero cuando le entregó el doblón, con mucho misterio le dijo que era mágico y le daría suerte y, con toda ceremonia, se lo colgó del cuello.
En las veces posteriores que el tío Jon volvió, nunca más hizo mención de la moneda, hasta que, el día de su 21 cumpleaños, le preguntó si todavía la conservaba. Fue la última vez que supieron de él.
El sonido de los frenos del autobús le sacó de sus pensamientos y, dando los buenos días al conductor, se sentó en la parte de atrás. Mientras veía pasar las calles a través de la ventanilla, recordaba el día que tuvo que elegir si iba a la Universidad o se quedaba de fontanero con su primo Jorge, o cuando conoció a María, su esposa desde hacía 56 años y la opción “b” era Paloma, aquella chica morena que se le insinuaba constantemente y tenía unas curvas impresionantes y… Una sonrisa afloró a sus labios. Se quedó con Maria, la sencilla, cálida y espontánea Maria. La sonrisa se tornó mueca de amargura cuando recordó el día que murió su esposa en una operación con pocas esperanzas y él tuvo que tomar la decisión.
El autobús llegó al final del recorrido y Pedro, bajándose, se dirigió al camino que, unos metros más arriba, le llevaba hasta el Pagasarri. Todos los domingos, desde que murió ella, hacía este recorrido. Pero esta vez era diferente. La víspera el médico le había dicho que el tumor se le había reproducido y no tenía solución. Claro que a sus 80 años, ya mucho no le importaba. Según iba ascendiendo por la pendiente agarrado a su bastón, la luz del alba iba mostrando un día gris, con la cima del monte cubierta por una espesa niebla. Dentro del bolsillo de la chamarra, los dedos seguían jugueteando con la moneda mientras sus pensamientos revoloteaban en torno a su cabeza.
A media ascensión, se encontró con un padre y su hijo pequeño. Estaban descansando y Pedro, cuando llegó a su altura, se detuvo a charlar con ellos. Les miró a los dos. El y María no habían podido tener hijos y cuando miró al niño a los ojos, algo familiar le vino a la cabeza. Le preguntó cuántos años tenía, y el niño le dijo siete. Pedro sacó la moneda del bolsillo, se quedó observándola unos segundos y diciéndole al niño que era una moneda mágica y le daría mucha suerte, se la colgó del cuello. El padre no dijo nada y sonrió y el niño, con todo orgullo, se la metió dentro de la ropa dispuesto a comerse el mundo.
Pedro se despidió de los dos y reanudó sus pasos monte arriba. El padre y el niño, vieron al anciano adentrarse en la niebla espesa y cómo esta le envolvía. Nunca más se supo de él.
Txema Olleta

viernes, 1 de junio de 2012

QUIEN

 Hay momentos en la vida en los que te entra la desesperanza. Sientes una especie de agotamiento y te planteas porqué y para quién estás luchando. O, simplemente, la vida se te pone cuesta arriba, tienes una sensación de soledad que pesa como una losa y lo que antes era azul clarito ahora adquiere un color gris oscuro.
Entonces el sol queda oculto por las nubes, y las lágrimas se deslizan por tus mejillas como si de gotas de lluvia se trataran. Cierras los ojos mientras piensas que no hay salida para tu miedo.
Entonces una mano se acerca a tu rostro y suavemente, con un pañuelo, seca esa lluvia que te quema, sopla las nubes para que se vayan y dejen brillar el sol y vuelve a pintar tu vida de color azul celeste. Tienes miedo de abrir los ojos, de que se rompa la magia de ese momento. No sabes quién es, y no te atreves a descubrirlo. Sin embargo, al final, los abres y ahí está. Todos tenemos ese alguien cerca que nos mantiene unidos a la esperanza, que nos sirve de apoyo en los momentos difíciles, que nos enjuaga, suavemente, las lágrimas con su mano.
Que nos da su aliento y calor humano. 
Cuando eso ocurra, cuando desfallezcas porque la vida es injusta, mira a tu alrededor y busca. Quién está a tu lado en silencio.

sábado, 19 de mayo de 2012

PARTE DE MI, PARTE DE TI

Ciertamente llevo un tiempo largo sin contaros cosas. No es por nada especial. A veces hay proyectos que te exigen una mayor implicación personal y que, por tanto, no te permiten dedicarle a otros, el tiempo que te gustaría. 
Pero eso es algo que pienso solucionar, especialmente porque este rincón de mi casa que comparto con todas vosotras, mis queridas almas amigas, es muy importante para mi. Bastante más que cualquier otra historia que ocupe mis espacios y mis energías.
No os voy a engañar. Por la misma razón que uno descubre que las pequeñas cosas de la vida tienen mucho más valor que las grandes, también se da cuenta de que a su alrededor, a veces, hay personas que pasan desapercibidas, almas que se mantienen ahi, como a la espera de un gesto, de una palabra y, porqué no, de una caricia. Son personas anónimas hasta que en un momento dado, quizá porque salta la chispa, o simplemente porque ha llegado su momento, se te aparecen de repente y te das cuenta del enorme valor que tienen. Y les pones rostro, nombre y corazón. Porque ellas también laten.
Por mi, por ellas especialmente, no voy a dejar de escribir aqui, porque ellas son parte de mi y yo parte de ellas. Y mis relatos también. Lo mismo que parte de esos relatos de vuestras vidas que cada dia compartís conmigo, también, ahora, forman parte de la mia.