viernes, 8 de julio de 2011

OJALA...

Por una vez (y os aseguro que no será la última), comparto este espacio con una amiga entrañable. Bueno, siempre lo comparto con vosotras y vosotros, pero esta vez de manera muy especial. Me gustaría que disfrutárais de este relato que ha escrito mi buena amiga Eva. A mí me ha encantado, sobre todo porque descubro a una mujer con una capacidad creadora enorme y, sobre todo, humilde. Sin más os lo presento y espero que lo disfrutéis tanto como yo lo he hecho.


OJALA

Sostuve tu mirada esquiva. Dijiste, con una voz que apenas pude reconocer, que no sabías si aún me querías, que necesitabas tiempo para pensar... Y entre el estruendo de los trenes que salían y entraban a la estación, te escuché decir que volverías. Sonó vacío, como suena el silencio.

Desearía no haber sabido que esa despedida era la última. Pero lo supe... con la certeza terrible que tienen los suicidas cuando se dan cuenta de que ya no hay vuelta atrás. Vi en tus ojos el cansancio, la desilusión y la mentira. Sentí el frío en tu piel. Lo supe, y tu último beso me supo a muerte.

En ese momento ni siquiera pude odiarte. Estaba demasiado acostumbrada a quererte, a buscar en ti lo tierno y lo dulce. Tan hecho mi cuerpo a buscar el tuyo, que ni la más dolorosa de las evidencias podía apartarlo de querer encontrarte en cada rincón del recuerdo.

Ahora, dos meses después de tu último abrazo, pienso que si hubieras muerto, yo podría seguir acariciando tu sonrisa en las fotos, en vez de tener que hacer pedazos todo lo que trae tu imagen. Con los ojos cerrados evocaría cada detalle hermoso que construí contigo, reiría recordando nuestras bromas privadas; mis lágrimas serían de cristal y no de sangre. Me tumbaría en la cama echando de menos tus manos, y me dormiría esperando encontrarte en los sueños. Seguirías siendo mi cómplice, y no mi verdugo.

Si ya no existieras, no sería enfermizo seguir queriéndote. No tendría que buscar mil estrategias para olvidar cómo olía tu cuello o que tus andares eran los más ridículos del planeta, pero los más encantadores... No necesitaría evitar tu mirada cada vez que aparece en mi memoria, y el recuerdo de tus besos no estaría teñido del miedo a que todo haya sido una larga mentira. Tu nombre no sonaría como el dolor, y las paredes de los lugares en los que hemos estado juntos, no me gritarían «Ya no te quiere, no eres suficiente para él, no eres suficiente...».  

Podría mirar al cielo intentando encontrar una estrella que brillara sólo para mí, en vez de sentir el vacío que me ha quedado dentro, después de que tú te llevaras todo lo que podía dar. Repasaría mil veces cada palabra que escribiste pensando en mí, y te creería de nuevo, en lugar de tener que odiarte por haber jugado conmigo a un amor de broma. Aún sabiéndola imposible, seguiría soñando con una vida a tu lado, y no me avergonzaría, como hago ahora, por haberla imaginado alguna vez. Guardaría, en los lugares más importantes de mi casa, tus libros, tus discos, tu ropa..., cada cosa pequeña que quedara de ti, para que nunca terminaras de marcharte... en vez de tirar todo lo tuyo, incluso el tiempo que vivimos, a la basura.

Ojalá te hubieras muerto..., así yo no tendría que matarte cada día.
                                                                                                                                                        Babattina