martes, 18 de mayo de 2010

DESDE MIS PASOS

La verdad es que el momento ha llegado casi sin darme cuenta, como de puntillas. El lunes próximo inicio mi Camino Aragonés. Ha sido una espera tranquila, serena. Y aquí estoy, a punto de darle un nuevo giro a mi espiral. Porque voy con mi buen amigo Dani (no os confundáis, no es mi hijo). Sí, el mismo que me trajo a este sendero que tantas experiencias íntimas me ha proporcionado; el mismo Dani con el que hice aquel Camino tan duro en invierno con la peregrina idea de soltarme de su mano y empezar a recorrer el mio propio. Es así. Hace muchos años,en el 93,  él me enseñó y descubrió el Camino de las Estrellas. Unos años después, junto con él y bajo un cielo estrellado como nunca he vuelto a ver, camino de Astorga a siete bajo cero, descubrí lo doloroso de la separación y comencé a experimentar mi propio Camino. Y ahora, 17 años después, compartimos juntos esta nueva experiencia, sin maestros ni discípulos, recorriendo una senda en la que cada uno es su propio maestro y discípulo a la vez. Llevo la vara que me regaló en mi primer camino, y que a fuerza de ser mi soporte y compañera en infinidad de vicisitudes y a través de los años, ha adquirido la serenidad y fortaleza de mi madurez.
Me llevo, también, a mucha gente, pero especialmente a Isa, Alex, Dani y Andrea (por orden de edad para que no haya ni primeros ni últimos). y me llevo, sobre todo, un pequeño cuaderno que será mi verdadero compañero de viaje, un bolígrafo que plasmará mis sensaciones y experiencias y, especialmente, un corazón y una mente totalmente abiertas, porque este viaje, amigos y amigas mias, es, ante todo, una llamada. Y tengo que descubrir qué me quiere decir.
Prometo volver y compartirlo con vosotras y vosotros.

jueves, 6 de mayo de 2010

LA PRIMERA COMUNIÓN

Les tengo a mis fans preocupados porque hace más de un mes que no escribo, y no les falta razón. Un mes es mucho tiempo, sobre todo para alguien como yo que necesita escribir, tanto como comer. Lo que pasa es que, el día a día a veces nos absorbe y, en mi caso mi trabajo, me impide aquello que realmente me desarrolla como persona. Sin embargo heme aquí de nuevo, compartiendo con vosotras y vosotros mis pequeñas cosas. Y la última, y muy importante por cierto, ha sido la Comunión de mi hija. No voy a hablar aquí del sentido que tiene para mi hacer la primera comunión, especialmente porque, para ser sinceros, la importancia fundamental está en el hecho de comulgar, de compartir de manera más consciente, da igual que sea la primera, la segunda o la vigésima. También es verdad que, "la primera vez" de algo, es muy importante. Por eso, la ocasión se merecía algo especial (en realidad mi hija se merecía algo especial) y he aquí que lo he hecho con lo que mejor se me da (creo): escribir una poesía para ella. Un buen amigo me decía que la protagonista del evento era ella, no yo. Y tiene razón en parte. Es ella, no hay duda, pero por eso, esta poesía es un homenaje a ella principalmente, pero también a nosotros, a su madre, a mi, a sus hermanos, que la hemos acompañado hasta aquí y con quienes ha COMPARTIDO momentos importantes en nuestra pequeña vida familiar. Ese día todos hicimos la primera comunión. Esta poesía es fiel reflejo de ello. Que vuesas mercedes la disfruten.

Eres fruto de una promesa,
y señal de una esperanza.
Cuando llegaste a casa
te sentamos en nuestra mesa
y soñamos un futuro,
lleno de felicidad y sin tristezas.


La tercera, pero no la última;
nueve años, pero no la pequeña,
tu mirada tranquila y serena,

tus hermanos, el sol y la luna,
y tú, Andrea, una estrella,
que de noche nos ilumina.


Te llevamos de la mano,
recorriendo con nosotros el Camino,
aprendiste la alegría del Bautismo,
amiga de Jesús y, con tus hermanos,
paso a paso, los cinco juntos,
seguimos la huella de los peregrinos.


Siempre de los demás pendiente,
a ayudar y compartir dispuesta,
así queremos que seas, valiente,
el corazón como puerta abierta,
tal y como Jesús nos enseñó,
a no mirar desde la barrera.


Hoy es un día dichoso,
Jesús comparte contigo su mesa,
y aunque a veces te pesa
este camino sinuoso,
¡sigue danzando, Andrea!
con tu sonrisa abierta.