martes, 23 de febrero de 2010

PARA ANDREA

Esta es una de mis primeras incursiones en la poesía y que menos que dedicarle una a mi hija. La verdad es que refleja lo que un padre siente cuando ve a su hija crecer, hacerse mayor. Yo, sinceramente, lo vivo con mucha ternura, incluso con bastante alegría, pero también con una cierta incertidumbre. Es normal, la princesa deja de serlo para convertirse en reina, la niña crece para convertirse en mujer. Aún así, aún con todo, ella sabe que, pase lo que pase, siempre estaré a su lado.


TU SONRISA Y TUS MUÑECAS

Estrellas y alegrías,
llantos y pañales.
Recuerdo tu nariz respingona,
el chupete caído por los portales.

El primer día de cole,
la aventura de la despedida,
“la selva del Amazonas”,
mes a mes, día a día.

Las tardes en el parque
las noches de desvelos,
los miedos y alegrías,
siempre mirando hacia el cielo.

Los primeros sonrojos,
el fuego desbordado
de tu primer amor
en tu pecho anidado.

Has crecido hacia el cielo,
te has llenado de incertidumbre
y al fin, has alcanzado
el sol desde la cumbre.

Ahora te has hecho mayor
de la A a la Z,
pero siempre tendré en el recuerdo,
tu sonrisa  y tus muñecas.

Txema Olleta
11-06-09



miércoles, 10 de febrero de 2010

¿LLEGAREMOS A TIEMPO?

Hace poco hemos sentido encoger nuestro corazón con las imágenes de la tragedia de Haití. Miles de muertos y desaparecidos. Este mundo es así. Con la misma velocidad con la que nos llegan las imágenes de cada tragedia, se nos borran las de la anterior. ¿Donde está nuestro dolor por la tragedia de las niñas de los orfanatos chinos, o las del tsunami, o las de las pateras que, como un goteo incesante, nos llenan de inmigrantes muertos las costas de este país? No hay que ir tan lejos. Las calles de nuestras grandes ciudades están llenas de tragedias, de dolor, hambre y miseria. Las condiciones de vida de algunos barrios de Madrid, por ejemplo, no tienen nada que envidiar a las de Calcuta. Ya se que a más de uno le escandalizará tal comparación, pero mi pregunta, la que me hago a mí mismo, es: ¿Qué hago yo para acercarme a esas personas? ¿Cómo me acerco a los pobres y comparto su dolor? ¿Hasta qué punto utilizo a "Calcuta" para justificarme por mi falta de compromiso para con los desamparados con la excusa de que está lejos?
En el dia a dia de mi trabajo, intento ser coherente con lo que mi conciencia me dicta, y en ese intentar ser coherente busco a mi alrededor la manera de responder a esas llamadas. Y os puedo asegurar, queridos y queridas amigas, que no tengo que mirar muy lejos ni abrir mucho los oídos para sentir y escuchar el lamento de personas que buscan ese apoyo. Pero lo que realmente me preocupa, lo que de verdad siento como una losa es si estamos todavía a tiempo de movernos, de revelarnos contra el silencio que nos oprime, que nos ahoga. Si no será demasiado tarde para hacer de nuestro corazón una inmensa antena parabólica, si no lo tendremos demasiado encallecido a costa de las grandes tragedias que nos hagan olvidar los pequeños lamentos que nos rodean y a los que si podemos dar calor humano.
Esa era mi duda hasta que escuché esta canción de Rosana. A pesar de lo que parezca, es un canto de esperanza, pero sobre todo nos marca un sendero que seguir. Sencillo, cercano, libre, pero a la vez lleno de compromiso. Y, amigos, eso es lo jodido.

Si robaran el mapa del país de los sueños

Siempre queda el camino que te late por dentro
Si te caes te levantas, si te arrimas te espero
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.

Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo

Si disparan por fuera y te matan por dentro
Llegarás cuando vayas, más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.




miércoles, 3 de febrero de 2010

LA CUENTA ATRAS

Ha comenzado la cuenta atrás en mi nuevo proyecto (del que ya os hablaba en un post anterior) de recorrer el Camino Aragonés allá por finales de mayo. La cuenta atrás en muchos sentidos. Una cuenta atrás de mentalización, de interiorización y de disfrute de los previos a ese día. No me gustan los años Xacobeo, no los acepto y no creo en ellos. Solo creo en la magia del Camino de las Estrellas. No quería hacerlo en un año como este, y así lo he expresado muchas veces y de hecho no tenía la menor intención de hacerlo en este. Sin embargo algo me ha llamado, una sensación. Como todos los mensajes que me llegan del Camino, no sabría definirlo. Algún amigo me ha dicho que lo hago porque no se cuándo lo podré hacer en el futuro. Quizá, pero para mi no es motivo suficiente. Hay muchas cosas que no sé cuándo las podré hacer y no por eso las hago ahora. Es verdad que no he elegido este tramo por casualidad. Es el menos transitado, el más tranquilo, incluso en Jacobeo. Para mi es muy personal, muy íntimo. Quiero experimentar el Camino de las Estrellas. Tengo dos hitos importantes que quiero  sentirl muy dentro, en mi interior: San Juan de la Peña y Eunate. Porque para mi, este Camino, es el Camino de los Templarios. Os dejo un aperitivo. Un trozo del libro de Garcia Atienza "La Ruta Sagrada". Esto es para mi el Camino, se llame como se llame. Y, sobre todo, la frase final, define muy bien mi experiencia del mismo y mi sentir hacia lo que esta Senda supone. Disfrutadla y preparaos para el futuro.

El camino de la vida lo recorremos hacia nosotros mismos. Pero lo compartimos con los que nos rodean, de modo que ese recorrido es una búsqueda de nuestra propia identidad, tanto en lo que tiene de individual como en lo que pertenece al universo del que formamos parte. Así es el Camino: nos descubre su naturaleza cósmica y, al mismo tiempo, nos penetra para descubrirnos lo que somos.
Las claves del Camino nos muestran la importancia del ser en tanto que se comunica; es decir, en tanto que se entrega en la misma proporción en que recibe.
Sin ese toma y daca, intercambio amoroso donde los haya, es inútil emprender el Camino, ni alcanzar la transformación interior que nos ofrece. Por eso, uno debe saber qué es lo que lleva dentro de sí que merece ser entregado, para luego integrar en ese vacío lo que se le ofrece.
Pero una advertencia: si me ven seguir más allá de Compostela, déjenme marchar, que cada cual sabe adónde le lleva el Camino que ha emprendido.
(La Ruta Sagrada-Juan G. Atienza)