viernes, 29 de enero de 2010

¡ESTO ES UN PADRE!

Hoy he visto este video en el blog de Iñaki Kasares. No voy a decir nada sobre la sensibilidad masculina,  o el hecho del sentimiento y la afectividad del ser padre (masculino), o el hecho de que los hombres también somos capaces de expresar nuestra ternura para con los hijos. Prefiero que veáis el video. En sí mismo lo dice todo.

jueves, 28 de enero de 2010

DESDE LO COTIDIANO

Cuando escribí el relato que vísteis en un post anterior, "EL CUBO", no tenía la menor idea de que sería el comienzo de ningún proyecto. pero el hecho es que, a raiz de escribirlo,  me surgió la idea de hacer un relato para cada uno de mis hijos, historias que retrataran su carácter a través de un logro conseguido o por conseguir. Y de aquí me llevó a iniciar una serie de relatos que, con estas premisas, retrataran personas o situaciones cercanas a mi. Por eso la serie se llama "Desde lo cotidiano".
"El cubo" fué el inicio, pero ahora os presento otra de esas historias. "En el aire" retrata algo tan simple en el baloncesto como es un "mate", pero es sobre todo la fotografía de mi hijo Dani. Disfrutad de él tanto como yo disfruté escribiéndolo.


EN EL AIRE

Los aficionados fueron entrando en el pabellón mientras la música de las txarangas iba llenando el ambiente. Era un partido de cadetes, pero aquello parecía la ACB por el enorme ambiente existente. Bien es cierto que era la final del campeonato de basket y ello propiciaba el éxito de público.
Me senté en la primera fila cercana al campo para no perderme nada de aquel partido. Dani se había preparado a conciencia para dar el cien por cien. Yo le había visto jugar toda la temporada y, aunque sabía que el entrenador confiaba en él, lo cierto es que no había conseguido ser titular indiscutible y yo esperaba que, con sus cualidades físicas, explotara un día de estos. Aún así, Dani era una pieza importante para el equipo. Jugaba de base, habitualmente, y su principal preocupación estaba en que no lograba crecer lo suficiente como para hacer los mates que sus compañeros más altos del equipo si obtenían.
Dani lo intentaba una y otra vez, pero no lo conseguía. Yo le solía animar diciéndole: "ya lo conseguirás, no te preocupes". Pero le veía día tras día esforzarse en vano.
Con un estruendo de voces y bocinas entraron los jugadores de ambos equipos en la cancha. Yo les veía impresionados por la enorme expectación que había generado este partido y temí que ello les acobardara. En cuanto los árbitros dieron la señal de comienzo, enseguida me percaté de que el ambiente de las gradas se había trasladado a la cancha y ambos equipos se entregaron al partido de tal manera que el tiempo se sucedía con un marcador muy igualado. Yo le veía a Dani muy seguro de sí mismo en su papel de organizador del juego, iniciando las jugadas, dando órdenes, y me daba cuenta de que sus compañeros de equipo lo aceptaban con un gran respeto. Dani, salía de atrás botando el balón con parsimonia, mientras de reojo miraba las posiciones de sus compañeros y mentalmente elaboraba la jugada. De vez en cuando sorteaba a sus adversarios, más altos que él, por entre sus piernas y al llegar bajo la canasta hacía una pirueta y encestaba.
Así, llegaron al descanso con un empate en el marcador. El entrenador les debió felicitar en el vestuario porque al salir de nuevo a la cancha lucían en sus rostros una expresión de haber conseguido algo importante. En la misma tónica transcurrieron el tercer y casi todo el último cuarto. En el marcador se sucedían los empates o las ventajas mínimas para uno u otro equipo. A falta de dos minutos para el final salió de nuevo Dani a la cancha. En su rostro, la expresión de la tranquilidad y la confianza en sí mismo y en los compañeros. Hacía su papel, como siempre, pero me di cuenta de que sus ojos miraban al aro de vez en cuando. La tensión se mascaba en el ambiente. A falta de 12 segundos para el final ambos equipos estaban empatados y tenía la posesión del balón el equipo contrario. De repente le vi a Dani apretar los puños y tensionar los músculos de la cara y con una finta ágil robarle el balón al jugador contrario. El público se puso de pie enardecido y aumentó el vocerío. Dani avanzó con rapidez, atravesó el medio campo y le pasó el balón a su pívot que estaba a la derecha de la canasta contraria, un poco lejos todavía de ella. Este, ante la presencia de un contrario, tuvo que tirar a canasta. Quedaban cinco segundos. Dani vio que el balón no entraría, echó a correr y esquivando a dos jugadores llegó al pie de la canasta y saltó. El tiempo se paró de repente y mi corazón también. El público enmudeció. Entonces lo vi. El balón, un poco pasado de la canasta, suspendido en el aire; Dani pegó un salto y se colocó junto a él con los brazos extendidos. Como si fuera una película a cámara lenta, Dani cogió el balón con fuerza y lo metió en la canasta, así como estaba, suspendido en el aire. Cayó de espaldas en el suelo y se quedó quieto mirando la canasta. Entonces se levantó y los jugadores de los dos equipos le rodearon de abrazos y felicitaciones. El público enardeció llenando el pabellón con su nombre. Entonces él me miro con el rostro lleno de felicidad, dándome las gracias con la mirada por haber confiado en el.
Poco a poco, todo el mundo fue abandonando el pabellón. El público, los jugadores... yo me quedé un poco más disfrutando del momento, de Dani y de su mate. El mate que le acababa de hacer a su vida.

lunes, 18 de enero de 2010

BIENAVENTURANZAS DEL PEREGRINO

Aquí os presento un video extraido de una página web de la que soy miembro: "Camino de Santiago". El video está hecho por un peregrino, pero quedaros con las bienaventuranzas. Son una pequeña pincelada de lo que el Camino de Santiago supone para mi. El Camino, pero especialmente los peregrinos que cada día, desde hace miles de años, lo recorren. Aquí se inicia mi preparación a un nuevo proyecto que, si Dios quiere, verá la luz a últimos de mayo: "El Camino aragonés". Desde Somport a Puente la Reina. Ya no me importa llegar a Santiago, ni siquiera a Finisterre. Para mi, ahora lo importante de verdad es recorrerlo, andar por esos Caminos, compartir mis experiencias, vivirlo, sin más. Aquí os dejo este video, con permiso de su autor, lo comparto con vosotros y vosotras amigas y amigos peregrinos de la vida. Porque vosotros también sois Bienaventurados.


Encuentra más vídeos como este en Camino a Santiago

sábado, 9 de enero de 2010

EL CUBO

Era viernes a mediodía cuando llegamos al hotel que sería nuestro cuartel general los próximos días. El chico participaba en el Campeonato de España de Cubo de Rubik y había estado preparándose todo el año para el evento. Horas y horas investigando los algoritmos y los misterios que encierra este artilugio lleno de combinaciones y probabilidades. Pero el misterio no está en el cubo en si, sino en quien lo hace, y de Alex me fascinaba su capacidad de abstracción y su manera de quedarse mirando al cubo antes de cada entrenamiento, observándolo fijamente como si quisiera deshacerlo pieza a pieza y volver a construirlo en su mente.
Ya habíamos hablado de ello antes de salir y su objetivo era, simplemente, mejorar sus marcas, conocer a sus amigos de los foros y pasárselo bien. Cuando fueron llegando los demás participantes procedentes de diferentes lugares del país y diversas edades y estamentos sociales, el vestíbulo del hotel se convirtió en une fiesta de risas, cubos y abrazos bajo la atónita mirada del personal del establecimiento.
Al día siguiente, por la mañana temprano, nos dirigimos al Parque Warner, lugar donde se celebraría el Campeonato. La niebla invadía el entorno dándole al parque un aspecto de misterio y magia.
A las 11 de un punto dio inicio al campeonato en diferentes modalidades. La gente aplaudía cuando algún participante conseguía buenos tiempos y aunque Alex se esforzaba y lograba buenos resultados intuía que tenía la mente puesta en otra cosa. Mientras a la vez, compartía con sus amigos las diferentes combinaciones, probabilidades y sobre todo compartía confidencias, amistad. Yo le veía moverse entre mesas, sillas y le sentía feliz, en su mundo, entre su gente. Pero en sus ojos sentí también la determinación de hacer algo importante. Llegó la hora de la comida y durante ese tiempo, aunque estuvo alegre, yo notaba que la tensión le iba creciendo por momentos. Volvimos al salón donde se celebraba el campeonato y al poco de entrar llamaron a los participantes de la modalidad multiblind, que consiste en hacer más de un cubo a la vez y a ciegas.
Alex pidió dos cubos al igual que los demás competidores, excepto uno que decidió hacer cinco. ¡Dos cubos a la vez y a ciegas! El estómago se me encogió de golpe al ver la firme decisión con la que Alex tomaba esa opción. El silencio se impuso en la sala. Un silencio tenso, espeso. Alex se colocó el antifaz en la frente, meneó la cabeza a un lado y al otro para aliviar la tensión y cerró los ojos para adquirir el máximo de concentración. Para asegurarse un mayor aislamiento se colocó unos tapones en los oídos y con un signo de la cabeza confirmó que estaba preparado. Entonces mi corazón me dijo que lo conseguiría. Los mezcladores le colocaron los dos cubos deshechos y Alex, poniendo sus manos en el cronómetro de mesa, dio inicio al tiempo.
Le vi coger primero un cubo con sus manos, casi acariciándolo, le dio vueltas como queriendo descifrar sus misterios, memorizando la posición de cada color, de cada pieza. Se entabló un diálogo mudo entre el cubo y él. Lo dejó con cuidado, casi con mimo y cogió el segundo cubo realizando con él la misma operación. Cuando acabó de memorizar la posición de cada pieza y color y los movimientos que tenía que realizar para hacer los cubos, suavemente, sin perder la concentración pero con rapidez se tapó los ojos con el antifaz, cogió el primer cubo y empezó a hacerlo. Los dedos se movían con extrema rapidez para ganarle al tiempo, girando las piezas, en un sentido y en otro, con movimientos precisos, seguro de sí mismo. Yo le miraba desde esa posición de espectador abierto que te permite observar cada detalle de lo que se ve y de lo que se siente, y me di cuenta de que Alex y el cubo eran uno. Estaban hablando... mentalmente. Cuando consideró que estaba hecho (y lo estaba) cogió el segundo cubo e inició el mismo diálogo.
De repente soltó el cubo sobre el tapete, perfectamente hecho, y paró el tiempo. Lentamente alzó el antifaz lo suficiente para ver que había acabado. Alex Miró los dos cubos, miró al público, me miró a mi y miró el reloj, todo ello como si siguiera en trance en el interior de los dos cubos. ¡12,23! ¡Subcampeón de España! Lentamente se levantó, se acercó hacia mí mientras sus ojos estaban iluminados con un brillo especial y, con su habitual aparente indiferencia, me dijo:
-Vamos aita, que ahora participan los del interescolar.
Txema Olleta
 7-12-09