martes, 22 de diciembre de 2009

SENSIBILIDAD MASCULINA

El otro día hacíamos, en el "Club de los Contadores de Historias" (tal y como con acierto lo llama mi buen amigo Gontzal) un relato en segunda persona, lo que se llamaría prosa poética. En mi caso es el relato que más abajo aparece. Pero el asunto es que, al darle forma al personaje, me salió el "tic" del hombre que tiene que demostrar a cada instante que es sensible. El tópico que nos persigue, al menos a unos cuantos, de que sensibilidad tiene nombre femenino, y a la hora de poner rostro a mi personaje, lo identifiqué, de manera inconsciente, con una mujer. Mis amigas del Club, en seguida me reprendieron con cariño y me recordaron que verlo así era una pérdida para mi identidad masculina, y que, de hecho, ellas también perdían bastante de mi.
Es verdad, mis buenas amigas, SOY UN HOMBRE Y SOY SENSIBLE. Me siento UNO con la tierra, el mar, el viento y el sol. Y no quiero renunciar a ello por el hecho de ser hombre (aunque sea inconsciente). Y me rebelo contra la tiranía que supone la negación impuesta por siglos de machismo (incluso potenciada por muchas mujeres) de mi propia sensibilidad. No quiero ser fuerte, ni duro, ni el patriarca de nadie. Quiero llorar y ser "débil". Quiero que me cuiden, que me protegan, pero sobre todo quiero sentirme querido por ser hombre.
Aquí tenéis mi relato, el personaje ahora es masculino.

GAZTELUGATXE

 Apagas el motor del coche y lentamente desciendes por la senda que se dirige hacia el puente que une la isla con la ladera de la costa. El sol empieza a esconderse tras la línea del horizonte impregnando de rojo el cielo. Levantas la vista hacia la ermita y la ves allá arriba, imponente, un castillo protector con la silueta recortada sobre el cielo púrpura.

Poco a poco cruzas el puente y comienzas a subir por las empinadas escaleras. Las olas golpean contra los acantilados y una suave brisa acaricia tu piel. Subes agarrándote a la barandilla de piedra sintiendo en tus manos el áspero tacto de la roca con una sensación de fortaleza y seguridad que te permite avanzar paso a paso con la mirada puesta en la cima.
Cuando llegas arriba te vas hacia la puerta principal de la ermita, por donde el sol sale y con una leve inclinación de cabeza, como con respeto, saludas al lugar donde la luz nace cada día. Despacio, rodeas la ermita y colocándote frente al horizonte, por donde el sol se esconde aguardando un nuevo día, levantas los brazos hacia el cielo y con el cabello ensortijado ondeando por la suave brisa del atardecer, cierras los ojos y la misma brisa te trae a los labios el sabor a salitre sintiendo en tu piel el suave frescor del aire. Eres uno con el mar, la tierra, el viento y el sol. Poco a poco vas descendiendo por la escalera de piedra, todavía ebrio de sensaciones pero firme en tus propósitos. Con un pitido del mando abres el coche y tomándote tu tiempo para ello, vuelves la mirada hacia la ermita situada en lo alto, ya envuelta en la penumbra, y con una sonrisa en los labios, entras en el coche y regresas a casa.

martes, 24 de noviembre de 2009

AUN ASÍ, ¡QUÉ HERMOSO ES SER PADRE!

En mi anterior post, contaba yo las maravillas de ser padre y para ilustrarlo utilizaba una situación idílica con mi hija, pero muy real. Quizá os haya parecido una visión parcial, solo la parte "bonita" de la historia. Sin embargo, yo sigo diciendo ¡qué hermoso es ser padre!. Incluso cuando son bebés y no te dejan dormir por las noches en una interminable duerme-vela que acaba a las 6 de la mañana con los ojos totalmente rojos por el desvelo. Incluso cuando tienes que correr con ellos a urgencias a causa de una enfermedad rara que les pone entre la vida y la muerte, obligándote a días y días de estancia en el hospital sin poder despegarte de su cabecera. Incluso cuando te enfadas con ellos porque pasan de los estudios "olímpicamente" y tienes que estar detrás de ellos como un "sargento chusquero" para que hagan los deberes.
Qué hermoso es ser padre cuando ves cómo despiertan sus hormonas y casi basan su existencia en un puro enfrentamiento con sus progenitores, con la sana intención de  "matar" lo que ellos significan. Y cuando les ves sufrir de amores y lloras con ellos, aunque no te vean. Y cuando les ves crecer y sientes que empiezan a echar a volar, siguiendo el mismo camino que tú un día realizaste.
Incluso cuando forman su propia familia y comienzan su propia batalla, y te llaman, de vez en cuando, para pedirte "sopitas", es hermoso.
Y cuando pasa el tiempo y te quedas solo porque la vida así lo ha decidido, crees que ya no les importas, que ya no te necesitan. Pero no es verdasd. Es sólo que su propia vida y su propio camino personal les ha atrapado en la misma vorágine que te atrapó a ti cuando eras como ellos y, entonces, te das cuenta de que ser padre es más hermoso que nunca (más incluso que cuando eran pequeños y les arropabas por la noche), porque descubres que has hecho lo que tenías que hacer y, además, lo has hecho bien. Sientes que has vivido dos vidas, la tuya y la de ellos. En definitiva, sientes que, ha pesar de todo, ellos están ahí y que ser padre es lo más hermoso que te ha ocurrido nunca.

martes, 17 de noviembre de 2009

¡QUE HERMOSO ES SER PADRE!

Se acerca la hora de dormir. Mi hija se pone el pijama y entra en el baño para lavarse los dientes.
- Aita, ¿me acompañas?
Tan orgullosa de si misma y tan necesitada de protección. Uno a uno, se despide de sus hermanos:
- ¡Hasta mañana, chicos!
Se mete en la cama y con cara risueña me dice:
- ¿Hoy también vamos a rezar?-
- Si - le contesto - si tu quieres.
 Abrimos el libro de oraciones a la vez que abre su corazón.
- Aita, ¿me pones música de Mozart?
Y mientras se arrebuja en su cama, de fondo empieza a sonar el Concierto para piano de Mozart K 467. El sonido se eleva suavemente en la noche mientras mi hija lee la oración y respira tranquilidad. Me cuenta, le cuenta a Jesús, las cosas buenas que ha hecho hoy.
- ¿Sabes aita? "X" y yo ya nos hemos hecho amigas y ahora jugamos juntas. Y también "Y". Pero ¿sabes?, el que le ha llamado "gilipuertas" ha sido "Z", y yo le he dicho que esas cosas no se dicen a la gente, porque luego no te tienen en cuenta.
- O sea, que le has defendido a "X" - le digo yo contento.
Y mi hija me mira sonriendo.
Dejamos el libro, y poco a poco agarrándose con su mano de mi brazo, apoya su carita en él enroscándose como si fuera una enredadera buscando el apoyo del muro. Mozart suena en el aire llenándonos de ternura y calor, y mi hija, abriendo un poco sus ojos ya casi cerrados, como queriendo asegurarse de que sigo ahí, me sonrie, me acaricia con su mirada, me da un beso en la mano y me dice:
- ¡Que descanses tú también, aita.!

¡Buenas noches, amigos y amigas mias!

jueves, 12 de noviembre de 2009

POETA

Xabier Lete es uno de mis iconos musicales porque en una época, como fué la de los inicios de la música vasca moderna (Pantxo eta Peio, Gorka Knorr, Urko, Gontzal Mendibil eta Xeberri...) con un estilo y unas letras totalmente politizadas, Xabier Lete era un contrapunto necesario para los que también necesitábamos que la música vasca fuera poesía, y que, además de un instrumento político, también lo fuera cultural. Xabier lo consiguió, porque aunque también escribió canciones con contenido político, ante todo fué un poeta,, especialmente con su compañera, Lourdes Iriondo.
Aquí os dejo la traducción de "Xalbadorren heriotza", que lo mismo podría aplicarse a él mismo. Como siempre la traducción hay que cogerla con pinzas, pero no es mala.

Había un amigo sensible entre todos, al cual las alas de la poesía los bertsos de sentimiento le transformaban. Cantante de plazas lleno de soledad tejiendo el hilo de las palabras durando en su interior aprendido a base de sufrimiento, Donde estás, en qué prado pastor de Urepel que subiste por las faldas del monte, a por el futuro que ya es recuerdo huyendo.Rompiendo la valla te libraste del canto de todo lo que te ataba de los límites del cuerpo queriéndote sentir libre. El último aliento fue tu más profundo bertso el grito más contundente de esas mentiras ocultas que nunca se pueden decir. Donde estás, en que...

Y dedicado especialmente a mi amiga Isabel de Vitoria, a quien creo que se lo he descubierto, os dejo, también este video con una canción de Xabier y Lourdes. Espero que los descubráis y los disfrutéis.


viernes, 6 de noviembre de 2009

PARA UN AMIGO

Siento como si algo se moviera a mi alrededor, como si un torbellino de sensaciones, experiencias y sentimientos giraran como un vórtice de energías. Cuando la muerte pasa cerca de mi, es como si el viento frío de las estrellas soplara a mi alrededor produciéndome un estremecimiento especial. Incluso para los que estamos convencidos de la existencia de la reencarnación, o los que vemos la muerte como una puerta que se abre a otra experiencia y no como un agujero ciego, incluso para mi, cuando esta se acerca a través de una persona más o menos cercana, como ayer, me recorre el alma ese escalofrío. Especialmente si se me acerca con el rostro de un amigo. Mi buen Rafa. Tantos años compartidos en el trabajo, aunque últimamente no te veía mucho. Con tu aspecto bonachón, sencillo, siempre sonriendo. Sin embargo, el escalofrío viene al pensar que, como yo, estabas en los 50. Cercano en edad. Cercano en muchas cosas. ¿Sigo pensando que la muerte es algo que hay que aceptar como natural? La edad. el tiempo, la juventud... son algo relativo, y cuando descubres que sientes ese escalofrío porque también te puede tocar a ti, es cuando valoras al máximo ese día más que tienes, esos hijos que a veces te hacen sufrir, esa compañera que te sostiene, esos amigos que quedan a tu lado... Valoras mucho más la vida.
Este vídeo es en homenaje a Rafa. Xabier Lete es uno de mis iconos musicales. Otro día hablaré de él. Pero esta canción me trae muchos recuerdos porque habla de poesía, y Rafa era un poeta a su manera. Hasta siempre compañero.



viernes, 30 de octubre de 2009

¿CUANTO VALE LA VIDA DE UN TRABAJADOR?

El otro día un trabajador que realizaba su trabajo en las obras del nuevo edificio del Ayuntamiento de Bilbao, cayó desde un 5º piso y perdió la vida. En mi calidad de delegado de prevención del Ayuntamiento me tocó vivirlo de cerca. Hasta aquí la noticia. Lo de menos es si estaba atado a la "linea de vida" o no. Lo de menos es si cumplía las normas en materia de prevención o no. Lo que de verdad duele es que una vida más se ha perdido. Una vida que pendía de un hilo, de un arnés o de una linea de vida. ¡Qué mas da! era una vida. ¿Hasta cuando esta sangría humana? ¿Hasta cuando consentiremos las jornadas interminables?, los ritmos de trabajo frenéticos para acabar la obra cuanto antes. Pero incluso esto, no importa. Son personas, con hijos, madres, hermanos... son vidas. Siempre pendientes de un hilo, de un arnés o de una linea de vida. ¡Qué facil! Pero mientras, siguen cayendo. Para los demás sólo son una cifra, daños colaterales que hay que sufrir para que tengamos progreso.

¡Me niego a ser "los demás". Me niego a no sufrir dolor con cada una de estas muertes. Tienen nombre (Fernando, era este trabajador), tienen alma, y, sobre todo, tenían una vida por delante.

Doy gracias a Dios, porque me conserva la vida, y sobre todo, doy gracias a la vida porque me hace sentirme humano. Este es un homenaje a Fernando y a los que como a él, les quitan la vida a cambio de un salario


martes, 15 de septiembre de 2009

Ya no se si alguien lee este pedazo de alma o no. Hace mucho que no escribo en él, pero en su interior sigue habiendo mucho que decir. ¿Donde está la belleza? ¿donde está la bondad? ¿en que lugar oculto de nosotros está el espíritu esperando tener su oportunidad? Muchas veces no vemos más allá de nuestras narices, muchas veces somos incapaces de ver en los demás sus capacidades y su hermosura, ocultas detrrás de un montón de corazas y bloqueadas por nuestras propias verguenzas. Eso nos impide ver lo hermoso que hay dentro de cada una de las personas que pasan por nuestra vida. Abramos los ojos del corazón y miremos a nuestro alrededor. Solo entonces veremos las miles y miles de estrellas que pasan a nuestro lado, algunas dándonos calor, otras de manera fugaz. Este video es una muestra. Esta mujer, Susan Boyle, a quien despreciaron en un principio, es una buena muestra de ello. Ella es una gran estrella. Como ella tenemos miles a nuestro alredeor. Solo tenemos que saber ver.
Este es el enlace al video, para que lo podais ver, disfrutar y sentir.

http://www.youtube.com/watch?v=e22nESqA2ds

sábado, 23 de mayo de 2009

EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS

Hace mucho que no actualizo este blog. Por muchos motivos. Por eso ahora quiero hacerlo. Porque se acerca la fecha de una experiencia única para mi. Es el final, de un proyecto iniciado en el año 94, cuando el Camino de las Estrellas me dió a mis hijos. Una fecha en la que contraje una deuda con este Camino Mágico. Prometí que le devolvería lo que él me había dado. Hace unos años comenzé a saldar mi deuda y el próximo 22 de junio, iniciaré la última etapa para conseguirlo. Es parte de mi propio viaje personal, viaje, en el que el Faro de Fisterra ha sido, y es, pilar fundamental. Sin embargo esto no acaba aquí, mi compromiso con el Camino y el Faro, es y será para toda la vida. Ellos son parte de mi propio recorrido personal. Es más, ellos son mi propio recorrido, y como tal, no tiene ni principio ni fin.
Quiero hacer un homenaje a este Faro y especialmente a Bego y Marisa. Ellas son dos de mis faros personales. Ellas me han ayudado a descubrir la magia de la escritura, ellas han sacado de mi la capacidad que llevo dentro de expresar, con la magia de las palabras, mis ilusiones. Para ellas, y por supuesto para mi mujer Isabel y mis hijos, Alex, Dani y Andrea (mis otros faros) que me alumbran en mi Camino,este video de Carlos Goñi, mi otro descubrimiento este año.





Yo que recorro los mares y que palmo a palmo el mundo
de un confín a otro confín
hoy tomo mi último rumbo desde mi cuerpo hasta el tuyo
desde donde estoy a ti.
Tú que recorres Lisboa y sus calles y sus fondas
con hombres de una sola vez
tú serás mi último puerto para amarrarme a tu alma
y solo yo vivir en él.

Faro que alumbras al mundo por encima de la tempestad
devuélveme la esperanza y que brille mi estrella
pero no en soledad oye mi voz mi última oportunidad
faro que alumbras al mundo alumbra mi vida.

Fotos y cartas marchitas de cuando planes y sueños
aún vivían en su piel dos vidas en dos maletas
entre Lisboa y Madrid en una estación de tren.
Él se durmió para siempre con su billete en la mano
en un banco del andén
y ella se apagó de golpe como se apaga una vela
después del amanecer.

Faro que alumbras al mundo por encima de la tempestad
devuélveme la esperanza y que brille mi estrella
pero no en soledad oye mi voz mi última oportunidad
faro que alumbras al mundo alumbra mi vida.

Hoy reposan en silencio uno siempre junto al otro
aunque en alma y en papel
por fin se unieron sus vidas volcando las dos maletas
sobre su mar a la vez.
Otra historia como tantas de amor y de mala suerte
y se un destino traidor pero en el puerto en Lisboa
cuando la luna te aplasta alguien canta esta canción.

Faro que alumbras al mundo por encima de la tempestad
devuélveme la esperanza y que brille mi estrella
pero no en soledad oye mi voz mi última oportunidad
faro que alumbras al mundo alumbra mi vida.

lunes, 30 de marzo de 2009

GLORIANNA-HIMNO A LA MUJER-VANGELIS

Este no es un relato mio. Ni siquiera es un video que haya hecho yo. Pero sus imágenes y sobre todo su música me inspiran muchas cosas. Gratitud por darnos la vida, dolor por vuestro sufrimiento, esperanza por vuestro porvenir, que es el nuestro también, y alegria por vuestra liberación que es la nuestra. Día a día, minuto a minuto, hombro con hombro, mano con mano. Vosotras y nosotros caminamos hacia algo imparable. Nuestro futuro juntos, juntas.
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martes, 24 de marzo de 2009

INQUIETUDES

Estos tres párrafos pertenecen a un trabajo sobre la prosa poética y parten de lo que cada título me ha sugerido.
ESCRITO EN EL AIRE
Vuelas como las aves del cielo, mientras tu alma planea sobre tu vida. Desde arriba observas tus inquietudes, pero tu no eres ninguna de ellas. Como en una montaña rusa subes y bajas. Desde el fondo de tu abismo ves la luz a lo lejos. Te abalanzas hacia ella, vuelves a subir y no eres tu el abismo. Pero tampoco eres tus alegrías, ni tus esperanzas, ni tus miedos. No eres nada y eres todo a la vez. Sigues planeando sobre tu vida; porque tu eres tu alma. Tu eres.

VARIACIONES EN SI MAYOR
Sientes la vida como una canción. El amor, el odio, la pena, te desbordan. Todo en tu vida es música, las notas te salen del corazón. La vida suena en ti porque tu eres vida. Todo lo que haces, sientes, son notas que, formando un todo armonioso, hacen que los demás disfruten de tu existencia.
Sigue siendo así, sigue tocando la música de las estrellas, porque con ella iluminas el camino que los demás deben seguir. Porque tu eres el Director de la Orquesta del Universo.

EL MAR Y TU
El mar rompía las olas cerca de la playa, mientras el agua te acariciaba los pies. Y entonces, el frescor del agua inundaba todo tu ser, mientras el sol se escondía en el horizonte dejando en el ambiente un color rojo pálido y el salitre del mar te cubría por completo. Tu te hacías una con la inmensidad, sabías que era tu territorio, sentías que tu vida estaba unida al vacío del aire y a la vez se llenaba con la paz y la quietud del mar. Te elevabas sobre esa inmensidad y te zambullías en ella. Sabías que eras una con ella.

Txema Olleta
20-06-08

martes, 17 de marzo de 2009

LOS REPECHOS DEL ALMA

Herminia salió de su casa, como cada mañana, con intención de hacer los recados habituales y emprender la rutina diaria reiniciada desde que su marido, Germán, se había jubilado hacía ya ocho años. En realidad para ella era un hábito que empezó cuando llegó con sus padres del pueblo, allá por los años 40, lo que pasa es que cuando decidió casarse con Germán, su novio del pueblo de toda la vida, esa rutina se rompió un poco, especialmente al llegar los hijos. Pasó de hacer los recados habituales a sus padres a hacérselos a su marido, y después a sus hijos. Resumiendo, que Herminia era la recadera oficial de la familia. Bueno, la recadera, la cocinera, la planchadora, la lavadora y la fregadera. La fregadera, si, porque Herminia era el pozo donde descargaban la mierda toda su familia. Sus padres, la de los problemas con los vecinos del 5º, que eran unos majaderos. Su marido, la del trabajo, los jefes y los compañeros. Sus hijos, la de los amigos, los estudios y, después, los nietos. Porque eso sí, Herminia era, además, confidente y profesora. El único problema de Herminia era que ella no tenía un pozo donde echar su propia porquería, su propio rencor por la vida, su angustia y su cansancio. Y claro, como ella no tenía todo eso que tenían los demás, se lo tragaba y evidentemente, el resultado era que la mujer parecía una vaca gorda, dicho esto con todo el cariño por las vacas, por las gordas y especialmente por Herminia.
Pues iba la buena mujer por la acera, rumbo a su primer recado habitual, el mercado de abastos, y al llegar a la segunda esquina a la derecha según se mira de frente, en un poste, había un enorme cartel que llamó poderosamente su atención: “Está usted agobiada; sus padres, su marido, sus hijos la llenan de problemas. Nosotros le recogemos la mierda sobrante de su vida y le dejamos esta como nueva. Centro de Terapias “Alma”. Cerro de Santiago s/n”
A Herminia se le abrió el cielo. No conocía ese centro de terapias y ciertamente debía ser s/n, porque la última vez que estuvo en ese cerro hace 30 años no había ni una sola casa. Al principio dudó, pero finalmente se decidió, y dejando el carro de la compra aparcado en la zona azul, se dirigió al cerro. La fortaleza de sus dimensiones y, especialmente, su enorme peso debido a las cuestiones antes mencionadas, hicieron que, nada más iniciar la subida por la cuesta, empezara a resoplar como una enorme ballena. Aquel cerro no se parecía en nada al que ella conoció años atrás. Estaba lleno de casitas que asentaban sus cimientos en cada uno de los repechos que llevaban hasta su cumbre, y en lo más alto de ellos, en la lejanía descubrió un edificio extraño, con forma de fregadero y que tenía unas luces de neón amarillo donde se vislumbraba el nombre “Centro de Terapia – Alma”.
Herminia comenzó a subir el primer repecho y se percató de que la primera casa era el número 100, la siguiente el 99, la siguiente el 98 y así sucesivamente. Según ascendía por la pendiente, Herminia se iba acordando de su familia a la vez que iba echando pestes por la boca. En el primer repecho se acordó de sus padres, tantos años de educación encorsetada por los prejuicios machistas. En el segundo repecho se libró de su marido (45 años de aguantar a Germán), un tipo mediocre en todo pero muy señor de su casa y, por extensión y ya de paso, de sus suegros, cuñados y demás parentela pegada.
En los tres repechos siguientes fueron cayendo los tres cochinos egoístas que tenía por hijos. ¡Ah! Y la novia y las dos nueras que se les habían pegado como tres sanguijuelas. Para cuando llegó arriba, Herminia no se dio cuenta del cambio experimentado en su cuerpo y su rostro hasta que llegó a la puerta del edificio y se fijó en un enorme espejo que había junto a ella. Al mirarse en él vio a una mujer radiante, delgada, vamos la mujer 10 de Elsa Pataki. Tan exaltada estaba de la emoción que, al dirigirse de nuevo hacia abajo, no se percató de dos cosas: una, que el Centro de Terapia “Alma” efectivamente no tenía número, básicamente porque la casa anterior era el nº 1. Y la otra, que lo que había en el espejo no era ella misma, sino un poster de Bo Dereck que alguien había pegado no se sabe si con buena o mala intención. Herminia estaba convencida de que ella era así y eso era lo importante.
Al llegar abajo se dio cuenta de que se le había echado encima la hora de hacer la comida y estaba segura de que el amigo Germán se lo echaría en cara. Pero aún decidió hacer una última cosa antes de volver a casa y cumplir lo que había vislumbrado en el Cerro de Santiago s/n. Cogió el carro de la compra, entró en una carnicería y se dirigió a su casa. Como ya se imaginaba, su marido estaba en la puerta esperándola:
- ¡Pero Herminia! ¿Tú te crees que son horas de llegar a casa? ¡Está sin hacer la comida! ¡Tengo el corazón en un puño!
Herminia le miró con socarronería y metiendo la mano en el carro de la compra sacó el corazón de una vaca gorda y dándoselo le dijo:
- ¡Pues hala, bonito, ponlo junto a este!
Y sin decir ni media palabra más, se dio media vuelta y se largó dejando a Germán con la boca abierta y el corazón en un puño.

Txema Olleta
14-11-08

EL RADIADOR

El radiador se dio cuenta de que la hora del Taller había llegado. La verdad es que, desde que le habían instalado en aquella sala estaba mucho más a gusto. Entraban varias personas que se ponían a escribir y luego leían sus relatos. El radiador, rememoraba todas aquellas historias y se sentía parte de ellas. Por eso, todos los viernes una hora antes de que llegaran, con todo el cariño se encendía para devolverles el calor que recibía de ellos.

domingo, 8 de marzo de 2009

8 DE MARZO

Este poema es para todas mis amigas y compañeras. En él, la palabra "compañero" está escrita en su sentido más amplio. Seguramente no respetará la métrica de las normas literarias, pero está hecho con el corazón.

COMPAÑERA
Las sirenas suenan en la fábrica,
los gritos en el aire revierten,
los disparos ocultan las lágrimas
mientras los patronos se divierten.

Sangre, sudor y lágrimas,
la vida por los suelos masacrada,
los huérfanos lloran su miseria
y una muerte mil veces anunciada.

Los hombres sufren, pero callan,
el silencio y el miedo les atrapan,
o miran a otro lado, acobardados
como no queriendo ver nada.

8 de marzo, de un año cualquiera,
el silencio os sigue doliendo.
Cobarde y triste bandera
de la masculinidad al viento.

Vosotras nos dais la vida,
la fortaleza y la templanza,
nosotros os quitamos el futuro,
la alegría y la esperanza.

Levanta, amiga, la vista,
alza tu orgullo y tu mirada,
toma el futuro en tus manos
y rebélate contra el que no es nada.

Y si en tu camino tuvieras
la dicha de tener compañero,
coge su mano, sin miedos,
ayúdale a andar a tu vera,
porque no hay mejor primavera
que la de compartir los desvelos.

Txema Olleta
08-03-09

miércoles, 4 de marzo de 2009

VARIOS

AL GUGGENHEIM

Metal, cristal,
Bilbao a tus pies,
Luces y sombras

A BILBAO

Dolor y lágrimas,
Ave Fénix del agua,
En el futuro.

A LA GALLETA DE CHOCOLATE

Rincón oscuro,
Niñez endulzada,
Simples placeres.

AL TALLER DE ESCRITURA

Estos haikus están elaborados de manera conjunta por las personas que participamos en el Taller de Escritura Creativa del curso 2008-09 y tienen métrica libre.

Cojines y columnas,
Espejos, luces,
Creación: verdad.

Mesa de madera,
Letras compartidas,
Dulces sonidos.

Papel en blanco,
Ideas al viento,
Corazón desnudo.

Escritura instantánea,
Lectura compartida,
Creativas palabras.

Bolígrafos en movimiento,
Sentimientos reflejados,
Luces en la oscuridad.

Lectura, escritura,
Bonito y activo,
Fica, Bilbao

lunes, 2 de marzo de 2009

LA CREACION

NOTA PREVIA DEL AUTOR:
El sentido de esta historia es hacer un relato sobre cómo pudo ser la Creación pero con un condicionante. Tienen que aparecer los siguientes elementos y por el orden que se indica: primero tiene que aparecer el agua, luego los colores, luego la serpiente, después las flores y finalmente el ser humano.



Al principio de los tiempos, la energía cósmica lo llenaba todo. Los aspectos femenino y masculino eran uno indivisible. Esa energía necesitaba transformarse en una forma determinada que se llamó alma y fue el embrión de lo que vendría después. Esa forma seguía siendo etérea y para darle forma física fue construyendo a su alrededor una serie de capas sucesivas que la fueron recubriendo formando el primer ser humano. Estas capas se llamaron emociones y gracias a ellas este ser fue consciente de una mezcla de alegría y tristeza que se desbordaron en forma de lágrimas, en tal cantidad que formaron ríos de agua que a su vez fertilizaron la tierra en la que se encontraba el ser.

Pero así como de la tristeza surgió el agua, de la alegría surgieron infinidad de colores que llenaron todo lo que le rodeaba. Sin embargo, el ser se dio cuenta de que aún le faltaba algo más. No tenía una forma física, unos pies, unos ojos para ver, unas manos para construir todo lo que tenía que hacer. Y de esa emoción, fruto del miedo y de la preocupación, surgió una forma física que sigilosamente se arrastraba por el suelo y la llamó serpiente. Este animal tenía la propiedad de cambiar de piel y como agradecimiento a este ser por haberlo creado, le regaló su primera piel, la más fuerte de todas. El ser se vistió con este último ropaje; esta vez si era físico, y tuvo sus ojos, sus pies y sus manos. Unió todas sus emociones en dos puntos: el corazón y la mente y de ellos surgieron las semillas de las flores, las cuales repartió por toda la tierra con sus manos. Gracias al agua de sus lágrimas y al sol surgido de los colores, las flores germinaron y crecieron por doquier.

Pero el ser se dio cuenta de que estaba solo y sabía que así no podría continuar con su obra. Entonces, expandió su aspecto femenino hasta el infinito y de ella surgió otro ser quien a su vez expandió hasta el infinito su aspecto masculino. Así formaron la primera pareja de seres y se llamaron personas. Ambas únicas y diferentes y representando los dos aspectos creadores iniciales y por ello, a pesar de su especificidad, indivisibles.

Txema Olleta
3-04-08

EL NOVICIO Y LOS ABADES

Acérquense vuesas mercedes, presten atención sin tardar
que aquesta humilde juglaresa presto inicia un nuevo cantar,
y si acaso alguno de ustedes en dudar diera de su veracidad,
recuerden que la historia, historia es sea verdad o cuento
y que quien aquesta les relata es Luzmar, la juglaresa con talento.

Ruégoles no se escandalicen aunque de abades y novicios trate aqueste enredo, porque es sabido que, aunque siervos de Dios, también son hombres de poco credo.
De muchos es sabido, oído o conocido las pendencias y trifulcas que, desde siempre han mantenido los monasterios de Leyre y el de la Oliva, regido el primero de ellos por los hermanos benedictinos y por los cistercienses, el segundo. Se trataba de dilucidar cuál de ambos dos monasterios era el principal, más por conseguir mayor cantidad de dinero de las arcas papales que por preservar la riqueza espiritual.. Según decían los insignes regidores de La Oliva, sus hermanos benedictinos habían experimentado un más que notorio relajo en la observancia de la regla monacal. Estos, en cambio, estaban convencidos del flaco favor que la rígida norma cisterciense hacía a la expansión de la fe entre las gentes del pueblo llano.
Pero lo que sí es cierto es que entre ambos monasterios existía una gran rivalidad, hasta que el abad de Leyre, Fray Lope Sanz, harto y de tan estéril pugna, decidió plantear a su rival, Aznario de Falces, como es notorio natural de dicha localidad, un encuentro entre ambos abades que dilucidara la controversia.
Estéril intento, créanme vuesas mercedes, ya que tanto Fray Lope como Aznario, por más que porfiaban no acertaban a llegar a un acuerdo. Cuanto más defendía el abad de Leyre su postura, más la negaba el de La Oliva, aduciendo que su monasterio era mayor en importancia y cercanía a las reglas papales.
Finalmente, ambos abades vinieron en convenir que se hacía necesaria la presencia de un tercer juez que, de manera neutra, dilucidara la cuestión. Y, a pesar de los recelos iniciales de Aznario, ambos decidieron que ejerciera como tal el Abad Juan, a la sazón fraile Mayor del Monasterio de san Juan de la Peña, que aunque perteneciente también a la Orden Benedictina, gozaba de fama de neutro e imparcial, es decir, sibilino y hábil para escabullirse, como buen fraile. Nuestro buen abad enseguida se dio en fijar en la tarea tan ingrata que se le estaba encomendando y haciendo gala de su agudeza y vagancia convino en decidir que un novicio le sustituyera en tan desagradable empresa. Juntáronse toda la congregación y en llamando al novicio más ingenuo y más reciente en el monasterio, un tal llamado hermano Romualdo, le prometió que si llevaba a buen término tamaña empresa le haría fraile de la Orden “ad eternum”. El buen novicio aceptó de buena gana porque demostrado está que la ingenuidad y la bisoñez no están reñidas con la vivacidad.
El novicio convocó a ambos dos abades en el lugar llamado Sta. María de Eunate, junto a la aldea de Obanos, con fama de lugar sagrado, mágico y onírico, no está claro si debido a fuerzas telúricas que dicen que hay o a ser tierra de vinos que el espíritu confunden.
Lo cierto es que juntáronse en dicho lugar nuestros dos abades sin entender nada de lo que se requería de ellos. Fray Romualdo (puesto que ya era fraile y no novicio) les conminó a entrar en el recinto con la encomienda para ambos de que cada uno debía convencer a su oponente de que la postura contraria a la que defendían era la buena; a más entender, Fray Lope debía argumentar a Aznario porqué el Monasterio de la Oliva era mayor en importancia que el suyo propio, y el Abad de la Oliva debía convencer al de Leyre de lo contrario. Ambos frailes miráronse sorprendidos pero, dado que eran las reglas que habían aceptado, no tuvieron más remedio que iniciarlo. Entraron, pues, ambos dos en el recinto octogonal y diéronse órdenes de cerrar las cien puertas. Siete días y siete noches anduvieron ambos abades discutiendo, debatiendo y argumentando y, dicho sea de paso, bebiendo, porque los únicos alimentos que Fray Romualdo se avino a conceder eran pan y los excelentes vinos de la tierra estellesa donde estaba situado este singular paraje.
Al finalizar el séptimo día tornáronse a abrir las puertas y, más bien torcidos que derechos, salieron ambos abades, no solo en su apostura física, sino aún también en la intransigencia de sus posturas iniciales. Preguntárosles a qué conclusión habían llegado tras tan prolongado debate y apoyándose uno en el otro y medio tambaleándose, más por los efluvios de la sangre de Cristo que por la falta de pitanza con que matar el hambre, se avinieron en convenir que el monasterio principal y aún mas importante jabía de ser el de Sta. María la real de Iratxe.
Tamaña confesión sorprendió a propios y extraños, pero dado que esa era la decisión de ambas partes, por tal se tomó por todos los presentes. Los monjes de Iratxe, a la sazón benedictinos, en agradecimiento por tamaño y extraño laudo tomaron en decidir la edificación de un lugar, lindante con el Monasterio, donde colocar unos barriles con su fuente para proveer a pregrinos, viandantes y aún a todo el que de ello quisiera disfrutar, de los deliciosos vinos de la tierra estellesa que tan buen resultado habían dado para dirimir tan singular discusión.

Y créanme vuesas mercedes que, aquesta juglaresa da fe de ello,
cuando a Estella se acerquen o por Iratxe pasen,
tendrán un lugar de descanso donde recordar la historia de la Oliva y Leyre
de Fray Lope, Aznario, el novicio Raimundo y todo aquello.

Txema Olleta
13-02-09

viernes, 27 de febrero de 2009

BAUTISMO

Agua de vida,

Vida en la luz,

Luz en la danza,

Es la danza del agua,

De la luz y la vida.

Es la Danza de Dios.

Txema O. (22-02-09)

 

LA RISA DE LOS DELFINES

Mikel vivía con sus padres y hermanos en la gran ciudad. Su gran ilusión era ir de vacaciones a casa de su abuelo, un viejo pescado que vivía en un pueblecito junto al mar. La felicidad de Mikel era inmensa cuando se sentaba junto a su abuelo frente al mar y éste le contaba historias sobre su vida y aventuras de marino. Las que más le gustaban eran las que se refería a los animales que vivían en el mar y que eran grandes amigos de su abuelo. Un día, estaban observando el mar y se les acercaron una pareja de delfines que acertó a pasar por allí. Los dos animales saludaron al abuelo de Mikel como solo saben hacerlo ellos: saltando de alegría y con una enorme sonrisa. Una vez se hubieron alejado los dos delfines, Mikel se quedó pensativo mirando al horizonte mientras su abuelo le miraba de reojo esperando la pregunta que su nieto le solaría, como cada vez que adoptaba esa actitud.

-    Abuelo, ¿por qué los delfines siempre están riendo?

Y el abuelo, suspirando, empezó su historia

Hace muchísimos años, en una isla muy lejana y remota vivían unos seres muy extraños, mitad peces mitad humanos.

¡No! No eran sirenas –cortó el abuelo a Mikel que había empezado a abrir la boca- eran otra cosa.

Cuando salían a tierra se convertían en humanos y cuando entraban en el mar volvían a ser peces. En apariencia se podría decir que eran felices porque disfrutaban de las delicias de las dos formas de vida, en la tierra y en el mar. Pero no era así. Estaban tristes porque cuando eran humanos no podían disfrutar de la placidez y la paz que reinaba dentro del agua y cuando se convertían en peces no podían disfrutar del calor del sol, de la belleza de la luna ni del colorido de las flores. Su problema era que ambas formas de vida eran totalmente incompatibles. Cada dos meses marinos, uno tenían que ser peces a la fuerza y el otro, humanos. No eran libres para decidir por sí mismos. Tenían un anhelo, poder disfrutar de ambos deleites a la vez.

Una noche, la más anciana de estos seres tuvo un sueño. Su pueblo podría conseguir lo que anhela pero tendría que pasar una prueba. El mes que estaban obligados a ser humanos tendrían que aprender a nadar, a respirar, a vivir como peces pero siendo humanos, y el mes que les tocaba ser peces tendrían que intentar vivir y respirar como humanos. Se oyeron murmullos en el grupo:

-    Eso es imposible -dijeron algunos

-    Nos ahogaremos todos –dijeron otros.

La anciana les calló y les dijo: el sueño me ha dicho que si lo anhelamos con todas nuestras fuerzas, no hay nada imposible. La capacidad de conseguirlo está dentro de nosotros mismos.

Con ese ánimo, el grupo se puso manos a la obra. Durante el mes que fueron humanos hicieron lo indecible por aprender a nadar, a respirar bajo el agua, a estar cómodos en ella. Algunos casi se ahogaron, tragaban agua, se hundían. Pero al final de ese mes, todos más o menos, consiguieron resultados aceptables.

El segundo mes, cuando fueron obligados a ser peces, sus intentos fueron por salir a la superficie, respirar fuera del agua, sentir el sol. Incluso se atrevieron a salir a la orilla y dar unos saltitos por ella. Algunos estuvieron a punto de perecer en el intento pero con la ayuda de los demás al final del segundo mes, los resultados eran más que aceptables.

Cuando llegó el comienzo del tercer mes, en el que volvían a ser humanos, la anciana volvió a reunir al grupo y les dijo que esa noche había vuelto a soñar y que había visto que su empeño había sido enorme pero que aún les faltaba un último esfuerzo, el más grande de todos. Tenían que subir a la roca más alta que había en la isla, una montaña que llegaba hasta el cielo, y venciendo al miedo que llevaban dentro y confiando en todo lo que habían aprendido, debían lanzarse desde lo alto hasta el mar. Superando el miedo que les embargaba, el grupo decidió que era el momento de lanzarse.

-    Ahora o nunca –dijeron al unísono.

 Dicho y hecho, subieron a lo más alto de la montaña que llegaba hasta el cielo y uno a uno se fueron lanzando al vacío, hacia el mar en un picado perfecto. Según iban cayendo una gran transformación se fue produciendo en ellos. Se estaban convirtiendo en peces, pero no como lo habían sido hasta ahora. Eran unos animales bellísimos, con unas líneas corporales muy estilizadas, en lugar de escamas tenían piel como los humanos, en lugar de agallas, podían respirar por la nariz como los humanos; en lugar de pies y manos, tenían una aleta como los peces y una cola muy potente. Descubrieron que podían nadar y vivir debajo del agua disfrutando de su paz y tranquilidad y que cuando quisieran podrían asomarse a la luz del día y sentir el calor del sol, la belleza de la luna y el color de las flores.

Desde entonces vivieron felices porque habían conseguido su anhelo y era tanta su alegría que, desde entonces, los delfines se pasan todo el día riendo de felicidad.

-    Abuelo –dijo Mikel que hasta entonces le había contemplado extasiado-  ¿eso quiere decir que si anhelo algo con mucha fuerza puedo llegar a conseguirlo.

-    Claro que sí –respondió el abuelo- si lo anhelas y luchas por ello.

Mikel se quedó un rato pensativo mirando al horizonte y su abuelo esperó la siguiente pregunta.

Abuelo –dijo el niño- ¿y por qué se llaman delfines?

-    esa es otra historia que te contaré otro día- respondió el abuelo.

Y el niño esperó con impaciencia esa oportunidad.

 

Txema Olleta

10-04-08

viernes, 13 de febrero de 2009

EL JUGLAR Y LA REINA

Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues si bien lo que aquí se relate en boca de aqueste humilde juglar pudiera parecer a los oídos de quien lo escuchare algo poco menos que una ilusión, no es menos cierto que lo ilusorio y lo real no son sino las dos caras de la mesma moneda.

Prestanse, por tanto, vuesas mercedes a colocar sus ilustres posaderas en lugar apropiado y disfrutar de aquesta historia que, tal y como a mi ha llegado, me dispongo a comenzar.

Dicese de un Rey llamado Alfonso, de número décimo y por muchos conocido como el Sabio por el gran conocimiento que albergaba su ilustre cabeza, según unos, sabiduría que iba pareja con su grado de soberbia, según otros. En todo caso, y es lo que a vuesas mercedes más debiera interesar para la historia que nos ocupa, el Rey Alfonso estaba desposado con una mujer que le hacía sombra en lo que a inteligencia se refería. De nombre Violante de Aragón, lo que indicaba su origen, era muy querida y respetada por sus allegados y súbditos, ya que, lo que a su real marido le sobraba de altanería a ella le desbordaba de sencillez.

Lo cierto es que Violante decidió que era menester que su marido, Alfonso, rebajara su grado de arrogancia en la misma medida que ascendiera el de humildad, del que el rey estaba tan necesitado. Está dicho y denlo por cierto vuesas mercedes, que doy fe de ello, que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, y la Reina Violante estaba presta a demostrarlo una vez más.

Pasó el crudo invierno con el Reino de Castilla cubierto por un manto blanco y tornó a regresar la estación en la cual las campesinas retozan alegremente con los muchachos en los verdes campos de trigo, cuando los juglares inundan los caminos de historias y música. Entonces es como si el castillo del Rey Alfonso recobrara la vida y el rey sabio se empeñara en enseñar al resto de los mortales las obras surgidas de su gran cabeza durante la época fria.

Las almenas se volvían a llenar de estandartes, y las salas del castillo, de Señores de los Condados cercanos, con más ganas de llenar el buche a costa de la despensa de su Rey, que el espíritu con sus poemas. Lo cierto es que la Reina Violante llevaba tiempo maquinando cómo llevar a buen término su empeño, y la llegada, un buen día, de un juglar, abrió un ápice de luz en su ya cansada testa. Créanme, vuesas mercedes, si les digo que aquel gañan, menos un juglar, parecía de todo. Rechoncho, torpe en sus movimientos y con unas historias que no causaban sino somnolencia en quien osara escucharlas. Pero a la buena reina le sirvió como idea. Convenció a su orgulloso marido para que convocara un torneo de juglares, y mediante batallas dialécticas encontrara un digno opositor a su regia persona.

Fueron enviados mensajeros, bocineros y aún la demás tropa de a pie por todas las aldeas, caminos y senderos. ¡Ah! Y castillos, no fuera cosa de que algún señor, envidioso de la capacidad de su rey, se quedara sin darse el gusto de ganar a su señor aunque fuese con la palabra.

Iban llegando juglares de todos los rincones, de los más cercanos y aún de los más lejanos. Algunos venían solos; otros, en cambio, acompañados de danzarinas y timbales a modo de parafernalia. Incluso se atrevió a meter el morro por allí algún que otro trovador, sin demasiado éxito, dicho sea de paso, porque de todos es bien sabido que, estos últimos, debido a su procedencia noble, tienen mucho de donosura, pero les falta mucho de la frescura y la travesura de los que vivimos en los caminos, lo cual, por cierto, me produce, una gran alegrura. Pero permítanme vuesas mercedes, que torne a mi relato.

De entre todos los que por allá dieron en pasar, a pesar de sus denodados esfuerzos, ninguno era capaz de superar en agilidad e inteligencia al Rey. Su esposa Violante empezaba a desesperar de encontrar la resolución a su empresa, hasta que un buen día acertó a pasar por el lugar un juglar que, cosa extraña, ni siquiera había tenido noticias de tal torneo. Su rostro era risueño, persona de tamaño más bien pequeño, pero con tal seguridad en el habla que denotaba una gran inteligencia. Divertido, aceptó participar en tan inusual torneo, y colocándose frente al rey con la cítara en las manos, inició un diálogo con canciones e historias que superaron en inteligencia, ironía y gracejo a las del Alfonso, más encorsetadas por unas normas que él mismo había tenido mucho empeño en imponer.

Con el ceño fruncido por el enfado, el rey no tuvo más remedio que aceptar su derrota. Levantándose de su asiento acercose al joven juglar y, dándole la mano, le pidió a este que le diera su nombre, puesto que no era cosa que el rey perdiera ante un desconocido. El juglar, sonriendo, quitose el sombrero y, descubriendo una hermosa y larga cabellera, se dio en llamar Luzmar. Grande y mayúsculo fue el estupor, no solo del rey sino aún también de Violante y toda la corte entera. No solo un juglar había vencido al sabio, sino que además era mujer.

Alfonso mudó en breve tiempo del enfado a la humildad pasando por el estupor y la humillación. Su triunfadora mujer, en cambio, pasó del estupor a la gratitud pasando por la carcajada. Alfonso, finalmente, se avino a admitir que era mejor ser un sabio humilde que un soberbio sabio. En seguida propuso a la juglaresa acogerse a la protección perpetua de la corte, pero Luzmar tenía bien claro que era mejor ser una juglaresa libre en las adversidades que una trovadora encadenada a las comodidades, porque de todos es bien sabido que las necesidades avivan el ingenio. Y cogiendo su sombrero, su cítara y un atillo con viandas, tornó a regresar a los caminos de dios y del mundo, en los cuales todavía anda.

Y ahora si vuesas mercedes a bien lo consideran y toman por cierta la historia que aquí inicia su final, ruegoles me dispensen unas monedas en aqueste mi sombrero, o una pocas viandas para mi buen yantar.

Txema Olleta, febrero 2009

LUCIA

Lucía inició su andadura por la orilla junto a la Ría. Había arribado a Bilbao, al paraíso, como solía soñar, hacía cinco años buscando una mejor vida y mandar plata a su familia. ¡Cuánto añoraba a sus hijos!, los cálidos abrazos nunca olvidados, y como algo muy íntimo, los nimbos color lila pálido, cuando a las mañanas muy prontito, la luz solar inundaba con calor y vida las cabañas y los caminos.

Lucía trabajaba sin parar, todos los días, todas las horas, sin contratos, sin continuidad, sin ilusión, sin ánimo. Sólo avivaban sus ganas por continuar, las cartas mandadas por sus hijos casi cada día. Cartas inundadas por la ilusión, la confianza y la convicción por una pronta tornada a casa.

Lucía caminaba por la orilla, junto al Zubi-Zuri. Las cuadrillas pasaban a su lado sin notar las lágrimas inundando su rostro. Había tomado una opción. Al pronto todo tornó a cambiar su color. Las nubarras hasta ahora con un color gris oscuro, mudaron a unos maravillosos nimbos color lila, y junto a la luz solar asomando junto a las nubarras, la hizo viajar hasta su pueblo, allá junto a las montañas andinas. Lucía iluminó su rostro y continuó su rumbo por la orilla ya con la ilusión futura alumbrando su vida.

Txema Olleta, 19-01-09

EL ULTIMO TREN

Sergio salió de su casa con intención de tomar el tren en dirección al pueblo de sus padres. Una voz interior le susurraba que algo estaba pasando y que él debía estar allí.

Su padre era el alcalde del pueblo y ya le habían llegado rumores de que la oposición le había puesto en el ojo del huracán. Cuando llegó a la estación le recibió el gran murmullo de la gente que iba y venía por los andenes. A su lado pasó un grupo de colegiales que, con gran bullicio, se disponía a salir de campamento.

Vió su tren justo cuando este comenzaba a andar con un gran pitido avisando de su marcha. Era una máquina vieja, de vapor. Las ruedas se movieron produciendo un chirrido que Sergio, absorto en sus pensamientos, no percibió. La campiña pasó ante sus ojos, al igual que su vida con sus padres en el pueblo. A lo lejos un trueno desveló que una tormenta estaba a punto de estallar. El traqueteo del tren aletargó a Sergio que se quedó medio dormido.

Cinco horas después el tren paraba delante de la estación de su pueblo. Su madre le esperaba en el andén y le recibió con los brazos abiertos. A la memoria de Sergio volvieron los recuerdos, cuando su madre le abrazaba y lo tranquilizaba cantando. Rápidamente se dirigieron hacia el Ayuntamiento. Las campanas de la iglesia repiqueteaban dando las horas en punto mientras una multitud se arremolinaba en la plaza formando un enorme griterío. En la puerta del edificio, la Banda Municipal tocaba una pieza de pasodoble que, más que música parecía un sonido estridente. Entonces se oyó el tintineo de una campanilla. El Alcalde apareció en la puerta con sus mejores galas ante un asombrado Sergio que no entendía nada.

Su padre había decidido presentar su dimisión y todo el pueblo lo estaba celebrando. No que él dimitiera, sino que le estaban despidiendo porque había sido el mejor Alcalde del pueblo desde los últimos 40 años.

Txema Olleta

27-08-08

PUB DICKEN`S

Susana trabajaba de cajera en el súper de su barrio. Era una chica muy despierta, como así lo reflejaban sus traviesos ojos. Era pelirroja y siempre peinaba dos coletas, una a cada lado que junto con unas preciosas pecas en sus mejillas le dotaban de una apariencia juvenil y dicharachera. Susana tenía, además, veinte años lo cual le daba, dicho sea de paso, credibilidad a esa apariencia.

Su trabajo era pura rutina, al menos eso parecía. Entraba, se sentaba en la caja, ocho horas pasando los productos y al final de la jornada salía de nuevo. En apariencia porque Susana se encargaba de romper la rutina hablando con las clientas. “que si hoy viene más tarde D. Santiago, que qué tal la gripe del niño, Margarita, que donde ha dejado a su marido Dª Tomasa”.

Pero había alguien más que tenía intrigada a Susana. Era un cliente habitual pero nunca había conseguido sacarle dos palabras más allá de los buenos días o las buenas tardes, en función de su turno. Llevaba gafas de intelectual, ni muy mayor ni muy joven, muy educado y respetuoso lo que le daba, a los ojos de Susana, una apariencia muy interesante. Ella le veía día tras día y estaba convencida de que tenía que ser un hombre honesto, integro, inteligente y buena persona.

La cajera no solo trabajaba, también solía acudir los fines de semana a un pub que había al final de su calle, al que llamaban Dicken`s en honor al ilustre escritor del mismo apellido, aunque casi ninguno de los parroquianos del local tenían la más mínima idea de quién era el susodicho. Lo más probable es que el nombre viniera del interés en dar al bar un toque irlandés.

Susana, como hacía otras veces, entró en el local acompañada de su mejor amiga con el único ánimo de mover un poco el esqueleto atrofiado por tantas horas sentada ante la caja registradora. Nada más entrar le llamaron la atención dos individuos mal encarados, fumando porros, que apoyados en la barra del pub miraban a su alrededor al más puro estilo John Wayne. Susana les miró, sobre todo porque no eran habituales del local y casi se le para el corazón de un susto. A pesar de las gafas negras en lugar de las de intelectual, a pesar de la ropa de cuero en lugar del traje elegante que lucía a diario, le reconoció enseguida porque le había visto día tras día detrás de su caja. Aquel hombre protagonista de sus sueños se convirtió, de repente, en protagonista de sus pesadillas. Especialmente cuando vio entrar al local a un grupo de adolescentes que, billetes en mano se dirigieron a su hombre quien sacó un paquete del bolsillo y se lo entregó. Susana se quedó paralizada. El hombre levantó la mirada y la dirigió hacia ella reconociéndola. Se levantó de la silla y se le acercó con las manos abiertas. Susana salió corriendo del local huyendo de sus peores temores. Miró hacia un lado y otro buscando ayuda. Unos cien metros más arriba vio una pareja de policías y se dirigió hacia ellos. En pocas palabras les contó que un individuo con mala pinta estaba vendiendo droga a jóvenes en el pub y que la perseguía para atacarla. Los dos policías corrieron hacia el local y llegaron justo cuando vieron salir al hombre con los brazos extendidos hacia Susana. Sin pensarlo dos veces, sacaron sus armas y cuando vieron que el hombre intentaba sacar algo del bolsillo de su pantalón, abrieron fuego contra él hiriéndole en el pecho y la pierna.

El revuelo que se armó fue enorme. Llamaron a la ambulancia y para cuando llegó, el hombre ya era cadáver. Susana se sentó en el bordillo de la acera, asustada todavía pero contenta porque había hecho un bien a la sociedad denunciado a un indeseable peligroso y que además le había roto su sueño.

- Si es que no te puedes fiar de nadie- se dijo a sí misma.

Se fue todo el mundo, solo quedó ella y una moto Harley Davidson aparcada a la puerta del pub.

- Alguien se ha dejado aquí la moto – pensó. Y decidió irse a casa a descansar.

Al día siguiente no leyó el periódico ni vio la noticia: “Joven de 30 años muerto a tiros debido a un error de la policía. Anoche un trágico suceso ocurrió a las puertas del Pub Dicken`s cuando un hombre aficionado a las motos Harley, fue acusado por una joven de vender droga a adolescentes. Dicho hombre, dueño de un taller de motos y de reparaciones, fue tiroteado por la policía al intentar sacar las llaves de su moto. La policía investiga los hechos y busca a la joven causante de la falsa denuncia”.

Txema Olleta

23-06-08

LOS NUKAK

Hace ya tres años que murió nuestro hijo Lucas. Tenía solo tres años cuando le detectaron una enfermedad incurable, y para entonces ya era demasiado tarde. Lucas murió al mes de iniciarse su proceso y nosotros con él y ambos llevábamos tres años enterrados en vida. Pero hay una voz interior me dijo que no podíamos continuar así y estaba decidido a iniciar con Lucía, mi compañera, un viaje que siempre hemos querido hacer y que, por algún motivo que no acierto a comprender, sentí que me llamaba: Amazonia. Necesitábamos desenterrarnos, volvernos a encontrar a nosotros mismos para devolverle el sentido a nuestra vida.

Sin embargo Lucía se negó a salir de su nicho y por tanto llegué a la conclusión de que primero debía realizarlo yo y luego intentaría regresar por ella.. En un mes estaba inmerso en la excitación propia de los preparativos de un viaje tan importante para nosotros, y al cabo de dos meses me veía en un avión rumbo a Bogotá, inicio de mi viaje, comienzo de mi propia resurrección interior.

Al llegar a la capital colombiana me recibió el sofocante calor propio de la estación en la que iba. Colombia es un país lleno de color y música pero también de bullicio y soledad entremezcladas especialmente para alguien que, como yo, lleve consigo el dolor y la incertidumbre. Nada más llegar me dirigí a mi hotel con ánimo, no solo de dejar las maletas y darme una ducha, sino también el de indagar acerca de las posibilidades que tenía de adentrarme en la selva amazónica. El hotel, tal y como estaba construido parecía salido de una película de aventuras como las de Indiana Jones, sólo que este tenía el sello especial de que era mi oasis particular y además real. Por supuesto estaba construido totalmente de madera, y se le veía tan viejo y a la vez tan entrañable como al anciano que atendía detrás del mostrador. Tenía una mirada tan acogedora y profunda a la vez que por un momento tuve la sensación de que cuando me miraba llegaba a captar hasta mi alma.

Por sus rasgos, evidentemente era indígena y prometió darme información sobre lo que necesitaba saber. Esa noche, después de cenar, se sentó junto a mí. El bullicio del día había cesado y una música de fondo, junto con el silencio del lugar dieron pie a las confidencias. Le conté nuestro dolor, lo de Lucas, nuestra desesperanza, mientras él me miraba con la intensidad de sus ojos como si intentara descubrir lo que había en lo más profundo de mi ser. De repente sonrió. Y me contó que él era originario de un pueblo que vivía en la selva amazónica colombiana, frontera con Venezuela. Tuvo que emigrar a la capital porque los madereros estaban acabando con la riqueza de su pueblo, la misma selva. De manera enigmática me ofreció ir a conocer a su gente y de paso me pidió que les llevara unas cajas que tenía guardadas para ellos. A mí me daba igual ir a un sitio u otro de la Amazonia y, de alguna manera, algo me decía que tenía que ir.

A primera hora de la mañana tomé un viejo tren de vapor que se dirigía a San José del Guaviare, comienzo de mi aventura amazónica. El anciano me despidió en el andén como si quisiera asegurarse de que me iba. Con un estridente chirrido, el tren comenzó a andar mientras el anciano me decía adiós con la mano y una enigmática sonrisa. Con el traqueteo del tren me fui adormilando hasta que otro potente chirrido me despertó en la estación de San José. Al bajar del tren me sorprendió el bullicio de la estación pero sobre todo el sofocante calor. Estaba anocheciendo cuando decidí bajar hasta las barcazas que, a través del río Guaviare, me iba a acercar a mi objetivo. La niebla bañaba el río dándole un ambiente embriagador que llenó de paz y calma mi espíritu. No me costó mucho encontrar un joven, que muy dispuesto por unos pocos dólares se ofreció a llevarme río abajo hasta Puerto Inirida, final de esta primera parte del viaje.

La travesía por el río duró cuatro días. Según iba avanzando, la belleza, la frondosidad y la grandiosidad de la selva se iban adueñando de mí. Una mezcla de fragancias y olores penetrantes invadía mis pulmones y mi espíritu. Según íbamos penetrando en la profundidad de la selva, la majestuosidad de los árboles se imponía sobre mi pequeñez humana. La riqueza de los colores desbordados de las flores, plantas y aves que poblaban el entorno, contrastaba con la miseria humana de los madereros que veía como esquilmaban tan grandiosa riqueza. Los rojos, amarillos, naranjas y violetas de los pájaros, se entremezclaban en un baile de colores con la infinita gama de verdes de los árboles y la maleza, reflejado en el agua del río junto al azul celeste, transparente y tranquilizador del cielo. Mi joven y moreno capitán tarareaba una canción indígena que penetraba en mi corazón a la vez que los chillidos estridentes de los pájaros. Esta mezcla de sonidos, olores y colores me iba produciendo el despertar de mis sentidos durante tanto tiempo anulados.

Al atardecer del cuarto día, llegamos a una ensenada justo en la confluencia de los ríos Guaviare e Inirida, puerta de entrada a nuestro nuevo mundo. Puerto Inirida era una aldea indígena situada en la frontera con Venezuela. Pequeña pero grande a la vez, comparada con las aldeas pequeñas habitadas por las tribus que se dispersan por toda la serlva. Mi primer trabajo después de situarme en una pequeña choza, fue hablar con el jefe de la tribu para que algunos de sus hombres me ayudaran a llegar hasta el poblado objetivo de mi viaje, y poder cumplir el encargo que me había hecho el anciano. No se cual sorpresa fue mayor, si la del Jefe cuando le dije que aldea buscaba o la mía cuando oí lo que me respondió. Cuando supo que iba hacia la aldea de los Nukak, con cara de asombro me miró y dijo:

- ¿Los Nukak? ¿Quién le ha contado a Vd. esa historia? Nadie sabe si existen o no. Quien busca a los Nukak, va detrás de una quimera.

Inmediatamente oí resonar en mi corazón las palabras del anciano:

- Búsquelos, están ahí, ellos le necesitan a Vd. y Vd a ellos.

A pesar de las reticencias del Jefe de la aldea y gracias a mi perseverancia conseguí convencerle y me permitió llevarme a tres hombres que me ayudaran con las cajas. Al día siguiente, de madrugada, iniciamos la marcha hacia algún lugar entre Puerto Inirida y Maroa. Por primera vez desde hacía tres años llevaba conmigo la esperanza de un final a mi dolor. Algo me decía que los Nukak estaban ahí y con ellos mi regreso al mundo de los vivos.

Durante tres días estuvimos andando por un sendero que se me hacía interminable. Lo que en el río me parecía majestuoso, aquí se me hacía agobiante. La selva cerrada parecía rechazarme y los ruidos que de ella provenían me hacían daño en los oídos, en el cerebro y en el corazón. El cielo plomizo no hacía sino agravar mi sensación de derrotado. Totalmente desesperanzado al cuarto día acampamos en un claro que se abría en medio de la maraña de la espesura. Esa noche no paraba de dar vueltas en el suelo, estaba extrañamente excitado con la sensación de que algo iba a suceder. De repente los ruidos cesaron y el silencio se adueño del lugar. Un silencio espeso, sobrenatural. Entonces un trueno estalló en el cielo y fue el preludio de un gran diluvio de agua que nos empapó. Llovió sin parar durante cinco horas, como nunca había visto llover. A la vez que el agua nos iba empapando fue como si se llevara algo más que tenía dentro y que me estaba ensuciando. Yo sentía que algo se limpiaba dentro de mí, el olor a tierra mojada y limpia y a ozono inundó todo mi ser. A la vez veía como las nubes se iban disipando dando paso a un hermoso cielo lleno de estrellas y, alumbrado por la luz de la luna, descubrí en un extremo del claro al anciano que me había despedido en San José.

Acercándose a mí me dijo: -te estábamos esperando-

Lentamente me guió a través de la espesura hasta una aldeíta situada junto a un riachuelo donde unos trescientos indígenas nos aguardaban cantando y bailando. El anciano se paró delante de mí y mirándome con esa mirada que llegaba hasta mi alma, sin palabras me hizo comprender la verdad. La pérdida de nuestro hijo Lucas nos había hecho mucho daño pero nada comparado con el daño que el hombre blanco había llevado a su pueblo, me estaba pidiendo que me quedara a ayudarles a recomponer su vida. Allí delante de mí había muchos Lucas que curar, muchas cosas que aprender y que enseñar. Comprendí que había encontrado un sentido a mi vida y decidí volver en busca de Lucía para compartir con ella ese futuro que nos aguardaba con los Nukak.

Txema Olleta

LOS COMPLEMENTARIOS

Muchas veces me he preguntado el sentido de mi existencia. Unas veces soy de pasta, otras de metal y puedo ser, incluso, de madera. Me pueden doblar, romper, recoger, desplegar. Sirvo de soporte a mis compañeros ¡Ellos sí que son importantes! Les dan la vista a nuestros dueños, los humanos. ¡Qué simple y vacía parece mi forma de vida!

Pero como en todo, amiga lectora, la existencia de las cosas tiene una connotación mucho más compleja de lo que a simple vista parece. Mis compañeros y yo somos uno en la individualidad. Ellos no son nada sin mí y yo no soy nada sin ellos. Ellos permiten la percepción de la belleza de los colores, de las formas, de las dimensiones. Yo les transporto, les protejo y les coloco en el lugar adecuado para realizar su función.

De nosotras depende que nuestro dueño se sienta bien o mal consigo mismo. Podemos realzar la belleza o la fealdad. Nosotras hacemos a las personas gordas o delgadas, altas o bajas, serias o alegres. Mostramos lo mejor y lo peor de nuestros dueños porque los ojos son el espejo del alma, y nosotras somos la ventana por donde esos ojos se asoman y se reflejan.

Cuando el sol golpea con toda su fuerza e intensidad, nosotras cubrimos de un manto protector, como si de una cortina vaporosa se tratara, los ojos de nuestro dueño. Cuando la noche se adueña de la vida, necesitamos ser transparentes para que los ojos puedan apreciar con toda nitidez el lado oscuro y el alegre de los hombres. Ayudamos a descubrir el mundo en la infancia, bailamos, estudiamos y les ayudamos a seguir creciendo en la juventud. Mantenemos viva la esperanza en la madurez y, finalmente, nos despedimos con la satisfacción del trabajo bien hecho, cuando llega la hora de la partida.

Pero si algo da sentido pleno a nuestra existencia, es el sentir el reconocimiento y el cariño con que nuestros dueños nos guardan en la funda al acabar la jornada, día tras día. El simple hecho de mirarnos, limpiarnos, plegarnos con delicadeza y meternos en la funda. En ese gesto hay mucho de agradecimiento y de amor. Descansar arropados al calor acolchado de nuestra cama, sintiéndonos protegidas y felices por hacer felices a los humanos.

Es, entonces, cuando cobra todo su sentido nuestra existencia.

Txema Olleta

16 de mayo de 2008